Merkel y Hollande piden una respuesta unitaria de la UE a la crisis migratoria

Ambos pidieron a Italia y Grecia la apertura de sus centros de registro de refugiados y recalcaron que la Unión Europea debe establecer unas normas comunes y «coherentes» ante este «momento extraordinario»


Berlín / Corresponsal

Respetar las normas europeas de asilo, es lo que pedían Angela Merkel y François Hollande en su reunión de ayer en Berlín, ante el desafío de atajar la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial. Después de los disturbios de neonazis ante un centro de acogida de refugiados en la localidad sajona de Heidenau y después de que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, recordara que los Estados miembros no cumplen las medidas europeas y que ante la presión migratoria, «no existen soluciones nacionales», la canciller se hacía eco de sus palabras.

Sumando a Francia, parecía venir a suplir lo que Bruselas lleva tiempo exigiendo: un sistema unificado de derecho de asilo o lo que es lo mismo una política migratoria común con reglas comunes. El primer paso es el registro de los refugiados que llegan a Grecia e Italia bajo los mismos criterios. Para ello es necesario que «antes de que termine» el año se instalen centros de registro en los dos países (con personal europeo), que afrontan la mayor entrada de peticionarios de asilo de Irak, Siria y Afganistán de las últimas décadas, explicaba Merkel. Hollande, por su parte ,pedía un criterio unánime para calificar un país de origen como seguro o inseguro y tramitar así más rápido las solicitudes de asilo de los recién llegados (y por ende también sus deportaciones).

Prosigue el flujo migratorio

Para muchos en Alemania las palabras de Merkel llegan tarde y en general la crisis migratoria podría inclinar la balanza de su reelección en una u otra dirección. Hasta 800.000 solicitantes de asilo esperan las autoridades alemanas este año. Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, advertía que este fin de semana habían llegado a la frontera de Serbia procedentes de Macedonia cerca de 7.000 personas, a la vez que exigían mayor compromiso de ambos países para atenderlos. Tras obtener en Presevo los documentos necesarios para permanecer en el país 72 horas, adultos y niños continúan su recorrido hacia Hungría, puerta de entrada a la UE y país que está construyendo una valla de alambrado de 175 metros de longitud y 4 metros de altura para evitar la llegada de los refugiados. La mayoría quiere seguir viaje a Centroeuropa para llegar a Alemania o a los países escandinavos.

«Repugnante»

Después de presenciar durante semanas los debates sobre la crisis de refugiados, después de dejar hablar a sus ministros y de que en la red hubiera una oleada de indignación bajo el hashtag #merkelschweigt (merkel calla), la canciller alemana finalmente aprovechó la puesta en escena de las consultas bilaterales con su homólogo francés, para calificar de «repugnante» y «vergonzante» los enfrentamientos del fin de semana de ultraderechistas y neonazis con la policía en Heidenau. Las autoridades se vieron obligadas a proteger un centro de acogida en esta localidad sajona, resultando heridos 30 policías. Merkel habló ayer del ambiente «xenófobo» surgido en esta localidad, no lejos de Dresde, escenario de las marchas islamófobas de Pegida. «Es repugnante ver como ultraderechistas y neonazis intentan prodigar sus mensajes de odio. Pero es igual de vergonzante ver como ciudadanos normales, incluso familias con niños, apoyan estos hechos», explicó antes de su encuentro con Hollande.

Su vicecanciller, Sigmar Gabriel, visitó ayer la localidad de Heidenau para mostrar el apoyo del Gobierno al alcalde y a las autoridades de Sajonia a la hora de hacer frente a «esta chusma ultraderechista». Hablaba, según el portavoz de Merkel, en nombre de todo el Gobierno alemán. La visita de la canciller a un centro de acogida no podrá hacerse esperar mucho más.

Juncker descarta una nueva cumbre

El caos migratorio ha puesto patas arriba la estrecha e ineficaz política de asilo europea. Bruselas se mostró ayer una vez más impotente, desbordada y decepcionada por las críticas que han lanzado algunos socios europeos a la Comisión Europea por su falta de reacción. A su presidente, Jean Claude Juncker, ya no le queda más paciencia ni margen de maniobra.

«Los Estados miembros han de aplicar las medidas europeas y aplicarlas en su territorio», recordó antes de descartar una cumbre de urgencia para tratar la crisis como reclamaba el presidente griego, Prokopis Pavlópulos: «No necesitamos una nueva cumbre». El luxemburgués pidió «valentía» a todos los socios europeos para poner en marcha una solución colectiva que no se concreta por la falta de ambición y colaboración de los Estados miembro. A los países de acogida les exige más solidaridad y a los de primera línea en el Mediterráneo más responsabilidad y control en la identificación de inmigrantes.

Para ayudar a paliar los efectos de la presión migratoria, Bruselas anunció el envío de ayuda urgente a Macedonia. También se acelerarán los trabajos en Italia para la puesta en funcionamiento de los puntos de identificación de inmigrantes.

En septiembre presentará la primera lista de países «seguros» que permitirá gestionar con más rapidez la repatriación de algunos solicitantes de asilo y para otoño el equipo de Juncker propondrá de nuevo la creación de un mecanismo permanente de reubicación de refugiados. Al margen del éxito que tenga la propuesta y la magnitud que alcance la crisis, Bruselas advierte de que en ningún caso se pondrá en cuestión el espacio Schengen de libre circulación.

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