París exige a Londres que se porte a la «altura» de la crisis de Calais

Cameron anuncia el envío de perros para frenar la presión migratoria


Redacción / La Voz

La mayor presencia y la mayor contundencia empleada por los gendarmes franceses no han impedido que, por cuarta noche consecutiva, los inmigrantes aglomerados en Calais se lanzaran la madrugada del viernes hacia el Eurotúnel con la intención de cruzar el canal de la Mancha y llegar al Reino Unido. Hubo entre 1.000 y 1.400 intentos frustrados de intrusión, con más de una treintena de detenidos, según fuentes policiales que reconocen que la tensión migratoria sigue siendo elevada y la situación, «difícil de gestionar». «Estamos desbordados», declaró un representante sindical de la policía.

Al otro lado del canal, el primer ministro David Cameron reaccionó a la campaña de un sector de su partido y de los tabloides de su país con la convocatoria de un gabinete de crisis. Se le puso un nombre de película de acción, el comité Cobra de emergencia, pero las medidas que anunció a su término el premier no estuvieron a la altura de las expectativas creadas. Tras declarar que estaba dispuesto a hacer «todo lo que esté en nuestras manos», se limitó a anunciar el envío de perros rastreadores al lado francés, el levantamiento de más vallas y mayor «asistencia» que no concretó.

París no se lo tomó demasiado bien. El presidente Hollande se mostró convencido de que «estamos ante un fenómeno que no va a cesar, teniendo en cuenta las guerras en Siria y en Irak». Es una situación, dijo, en la que «debemos hacer todo para evitar que vengan al tiempo que los tratamos dignamente» y reconoció que Francia «no puede actuar sola». Horas antes su primer ministro, Manuel Valls, había declarado, con menos diplomacia, que «es importante que nuestros amigos británicos estén a la altura a nivel presupuestario».

No parece que las nuevas medidas anunciadas por Londres vayan a ser especialmente efectivas a la hora de disuadir a los miles de personas que esperan el momento para dar el salto al Reino Unido. Los inmigrantes están desesperados y consideran que no tienen nada que perder, como prueba el testimonio de Uhrad, un eritreo de 30 años, que habló con un periodista del Telegraph. «Los ferris se volvieron demasiado difíciles y por eso ahora lo intentan con los trenes. Cuando eso se vuelva difícil también, la gente nadará».

La presión sobre Cameron ya no se debe tan solo a la campaña de los tabloides, cuyos titulares dan a veces la impresión de que se está produciendo una invasión. El caos en el túnel está causando largos atascos en el sur de Inglaterra y eso molesta a los turistas, pero sobre todo al sector del transporte. Según la BBC, la espera para cruzar el canal puede llegar a ser de hasta 18 horas, lo que le cuesta a la economía británica cinco millones de libras (unos siete millones de euros) al día.

La situación se ha agravado con la protesta de los trabajadores de la compañía «My Ferry Link», que cubre el trayecto entre las dos orillas, y que ayer cortaron las carreteras de la zona con barricadas para intentar que sus puestos de trabajo no se vean afectados por los problemas económicos que atraviesa la firma. Es tal la situación que una empresa británica sugirió ayer no transportar más productos durante dos o tres días por el Eurotúnel, como forma de protesta para lograr una rápida solución. En sus asaltos al túnel, los inmigrantes rompieron en ocasiones los contenedores por lo que los supermercados ya no aceptan las cargas, dijo el dueño de una empesa de transporte a la Radio 4 británica.

Ayuntamientos y Lander alemanes, desbordados

Saturación en los centros de acogida de Italia y Grecia, tensión en los andenes de Macedonia desde donde buscan colarse en Europa central, carteles de «completo» en el principal centro de inmigrantes de Austria o incidentes en las ciudades alemanas que sobresalen por su solidaridad con los refugiados. La inmigración se ha convertido en el principal drama humano de la UE, sin que las autoridades de Bruselas y mucho menos las de las capitales respondan de forma coordinada a la magnitud del reto.

Siguen adelante respuestas represivas, como la del Gobierno húngaro, que encabeza Viktor Orbán, y que ha iniciado la construcción de una valla de 175 kilómetros en su frontera con Serbia. Es la línea que parece gustar en el 10 de Downing Street, cuyo inquilino anunció un aumento de las deportaciones como respuesta a las avalanchas de Calais.

Pero la fatiga se percibe incluso en países generosos, como Alemania, que registró en el mes de julio una cifra récord de nuevos peticionarios de asilo, 79.000. La prensa germana empieza a llenarse con las advertencias lanzadas desde los poderes locales y los «Länder», que se muestran desbordados ante las necesidades de acogida y los largos plazos de resolución de las solicitudes. Actualmente hay unas 209.000 peticiones pendientes de resolución.

En Austria, el principal centro de acogida para demandantes de asilo, situado en Traiskirchen, a 30 kilómetros al sur de Viena, no puede aceptar a más inmigrantes por razones sanitarias. La situación en materia de higiene es «dramática» por culpa de la superpoblación, según admiten las autoridades. El centro, con una capacidad inicial para 1.800 personas, acoge ahora mismo a más de 4.000, de los cuales 2.300 no disponen de cama y deben dormir al raso.

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