Grecia avista la ruptura de Syriza, una crisis de Gobierno y nuevas elecciones

La delegación helena calificó de «humillante» y «desastroso» el acuerdo de Bruselas


atenas / colpisa

«¿Alguna vez viste un desastre más espléndido?». Con esa frase termina Zorba el griego. Hace una semana la música de la película, el célebre sirtaki de Theodorakis, se oía y bailaba en la plaza Syntagma. En la fiesta por el resultado del referendo que rechazó un plan de ajuste de la UE. Pero ayer el Gobierno griego tragó con uno muchísimo peor. «Es humillante y desastroso», musitaron fuentes de la delegación helena en la amarga noche de Bruselas. Igual podían haber dicho cautivos y desarmados. Al final consiguieron limarlo un poco, pero fue un avasallamiento en todos los frentes. Los griegos se fueron a dormir sin saber si se despertarían en Europa o abandonados a su suerte en el Egeo..

En la calle hubo normalidad porque los cajeros, que en teoría se quedaban ayer sin dinero, resulta que ahora tienen suficiente hasta el jueves. Aunque el corralito sigue sine die, los bancos continuarán cerrados. Con el país pendiente como en un parto, por fin salió Alexis Tsipras de la cumbre más larga de la historia comunitaria, 17 horas, intentando salvar la cara. «El acuerdo es difícil pero evitamos el proyecto de transferir activos públicos al extranjero. Logramos la reestructuración de la deuda». Pequeños consuelos para ver el vaso medio lleno. El compromiso de revisar la deuda, en realidad, ya existe desde el 2012, para cuando Grecia aplicara sus reformas, pero la UE lo incumplió el año pasado.

El punto más conflictivo fue la creación de ese fondo de 50.000 millones, como casa de empeños de las joyas de la familia, que en un principio se situó en Luxemburgo. Parecía broma, siendo el paraíso fiscal del escándalo de cientos de empresas que evadían impuestos, pero iba en serio. Al final han conseguido que el fondo esté en Grecia pero, de todos modos, hay dudas su utilidad pues debe alimentarse de privatizaciones y el propio FMI admitió el mes pasado que hasta ahora han sido un fracaso.

Cuentan que en la reunión, en un momento de tensión, Tsipras se hartó, se quitó la chaqueta y la ofreció a Merkel y compañía: «¿Queréis quedaros también con ella?». La viñeta de un diario retrataba bajando del avión vestido con un barril pero orgulloso de haberse resistido hasta el final a ponerse una corbata.

Tsipras usó ayer un lenguaje bélico al describir «una dura batalla» y «un combate difícil» contra «algunos círculos ultraconservadores europeos». Pero para guerra la que tiene ahora en casa. Debe hacer tragar el plan a su partido, la coalición de extrema izquierda Syriza, y aprobarlo en el Parlamento. Se esperan muchas deserciones y, como ocurrió el sábado al votar el inicio de la negociación, será la oposición la que le salve los muebles. Nueva Democracia y los socialistas del PASOK, los dos partidos responsables de la crisis, anunciaron ayer que le apoyarán. También To Potami, la nueva formación de centro. Las tres siglas saludaron con alivio el acuerdo.

Una colonia

En Syriza es otra cosa. Sus críticos creen que es humillante para Grecia y su pueblo. «Es más duro, restablece la troika y convierte el país en una colonia», declaró la Plataforma de Izquierdas, que tiene 40 diputados de 149, en un Parlamento de 300. Los 13 de Griegos Independientes, los ultranacionalistas socios de Tsipras, también votarán en contra. Para rematarlo, por la tarde apareció en las redes sociales Yanis Varufakis, como Pepito Grillo, y dijo: «Cuando el BCE cerró los bancos yo quería una moneda paralela y parar el pago de la deuda». No es probable que guarde silencio a partir de ahora.

El guión previsto es: votación en el Parlamento hoy o mañana, fractura y escisiones en Syriza, crisis de Gobierno con remodelación de carteras, que quizá incluyan a miembros de la oposición, y elecciones anticipadas en breve. En los sondeos Tsipras sigue siendo el vencedor, con un 38% de los votos. En la calle la gente más o menos le defiende. Hay quien le odia, pero la mayoría cree que hizo lo que pudo.

Anoche fue un buen momento para comprobar hasta dónde llega la ira del sector social más levantisco. Había una manifestación contra el plan que, a última hora, transcurría sin incidentes, con poca gente y hasta meláncolica. El país está agotado y quiere pasar página. Con otro Gobierno, Atenas estaría ardiendo desde hace días, pero Tsipras ha contado, hasta ahora, con la confianza colectiva de que no es un vendido. se trata del único líder visible y, por precaria que sea, es aún un factor de estabilidad. Sería tranquilizador suponer que en la UE son conscientes de ello.

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