El Gobierno griego se tambalea y se temen elecciones anticipadas

La división interna de Syriza pone en peligro la estabilidad del país


Atenas / Colpisa

El Gobierno de Alexis Tsipras puede tener los días contados. Aunque haya acuerdo con la Unión Europea, y con un futuro complicado en cualquier caso, Grecia ya tiene otro problema añadido: es muy posible que no cuente con la estabilidad política deseable para gestionarse en los próximos meses. Incluso podría haber elecciones anticipadas en otoño, cuando no han pasado ni seis meses de las últimas.

El sector más radical de Syriza, dejó ayer patente su descontento con el plan de ajuste de 12.000 millones que el Ejecutivo negocia en Bruselas. Otros 15 diputados del partido aclararon que no estaban de acuerdo con las concesiones realizadas y que habían votado a favor a regañadientes solo para salvar al Gobierno. Total, 32 diputados revueltos que amenazan con recortar el apoyo del grupo de Syriza de los actuales 149 escaños a 117. Entre los que se abstuvieron hay dos ministros y la propia portavoz del grupo, Zoe Konstantopoulou.

El partido de Tsipras obtuvo 149 escaños en las elecciones de enero, a dos de la mayoría absoluta, y tuvo que pactar con la formación ultraconservadora Griegos Independientes. Cedió la cartera de Defensa a su líder, el lenguaraz Panos Kammennos. Sus 13 diputados ayer se portaron bien y respaldaron a Tsipras, pero su cabecilla tronó en el Parlamento: «¡Si votáramos con nuestra conciencia diríamos no a los chantajes a nuestra patria!». También por ahí late malestar, y Kammenos es un oportunista redomado que puede cambiar de bando si le conviene. En realidad, con los números en la mano, tres partidos de la oposición salvaron ayer los muebles y proporcionaron a Tsipras una apariencia de solidez institucional para negociar en Bruselas. Lo cierto es que las dos formaciones del Ejecutivo se quedaron en 145 escaños y el resto los pusieron la conservadora Nueva Democracia, el socialista Pasok y el centrista To Potami. Tsipras ya había firmado con ellos el lunes una declaración de unidad nacional para asegurarse la tranquilidad en el Parlamento, consciente de los problemas internos de su partido.

La nueva estrategia

Los analistas griegos llevan dos días maquinando todo tipo de hipótesis sobre qué ocurrirá en el Gobierno si Grecia cierra un acuerdo. La clave es cuál va a ser ahora la estrategia de Tsipras con el núcleo crítico de su partido. Las disensiones son familiares en Syriza, una coalición de trece siglas que van de socialdemócratas a marxistas puros. El poder les ha cohesionado y ellos quitan hierro a las discusiones asegurando que es sana democracia interna. Quizá hasta ahora. Tsipras puede dialogar con los disidentes, domesticarlos o incluso eliminarlos, lo que degeneraría en una escisión y un desplazamiento de Syriza hacia el centro, como gran partido de consenso. Desde luego Tsipras es el único líder visible en Grecia en este momento, con la oposición devastada, y si es hábil puede instalarse en el poder muchos años.

En este escenario, y si este fin de semana todo acaba bien, se da casi por hecho que se aproxima una crisis de Gobierno esta semana o la que viene con el cambio de algunos ministros.

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