El Eurogrupo pide más sacrificios a Grecia antes de pactar su tercer rescate

Alemania contempla expulsar al país heleno del euro durante cinco años


Bruselas / corresponsal

Más reformas y garantías. Es lo que pidieron ayer los socios más duros del euro a Grecia como condición indispensable para empezar a negociar el programa de su tercer rescate. El plazo que se marcó la eurozona para encontrar una solución a la crisis helena llega hoy a su fin.

La troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) trató ayer de allanar el terreno informando a los ministros de Finanzas del euro sobre el estado de las finanzas griegas y la sostenibilidad de su deuda. Las necesidades de financiación que afronta Atenas para los próximos tres años ascienden a 82.000 millones de euros frente a los 53.500 millones de euros que solicitó. El Eurogrupo, que esta mañana volverá a reunirse, pasó revista al estudio y la propuesta de base que elaboró el Gobierno heleno para pactar un acuerdo, pero fue incapaz de llegar a un consenso para dar luz verde al inicio de las negociaciones entre Atenas y los acreedores. Algunos socios, con Alemania a la cabeza, consideran que Grecia tiene que asumir nuevos sacrificios por el deterioro que ha sufrido la economía en estos cinco meses de negociaciones con corralito de por medio y porque se trata de un rescate amplio, no de un tramo. ¿Qué le exigen? Más ajustes en el mercado laboral y sobre todo, garantías.

La falta de confianza se ha convertido en un obstáculo casi insalvable: «El año pasado teníamos cierta esperanza sobre Grecia, pero se ha destruido de una forma increíble», aseguraba el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. De nuevo los halcones de la austeridad no se fían de que el Gobierno griego cumpla sus promesas. «Hay mucho escepticismo sobre las propuestas, que no son suficientes, y por la falta de confianza en que las vayan a aplicar con seriedad en los próximos días», reconocía el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.

El ministro griego Euclides Tsakalotos no tuvo demasiado margen para negociar. Su propuesta llegó tras pasar una amarga votación en el Parlamento de Atenas y tiene una línea roja que tampoco puede traspasar. Si Grecia emprende reformas duras adicionales, más de las que Syriza contemplaba en su programa, exige a cambio un compromiso para reestructurar la deuda.

Varios Parlamentos tendrán la última palabra

Nada garantiza a estas horas que Grecia vaya a alcanzar un acuerdo con sus socios europeos para evitar su salida del euro. Los equipos negociadores trabajan a contrarreloj para tratar de abrir las puertas de la negociación del tercer rescate. Pero una vez abiertas, el Gobierno griego y los acreedores podrían volver a fallar a la hora de plasmar el compromiso de reformas de uno y las concesiones financieras de otros en un texto que proporcione al país el salvavidas que necesita para permanecer en la eurozona. Y aun habiendo un acuerdo en firme, este plan tendría que pasar por la lupa de varios Parlamentos nacionales. Alemania, Holanda, Finlandia, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia y Austria ya anunciaron que tendrán que dar luz verde a cualquier plan de auxilio a Grecia. Helsinki y Tallin necesitan el apoyo de una mayoría absoluta. El ministro de Finanzas austríaco, Hans Jörg Schelling, exige a Grecia garantías de que cumplirá con los esfuerzos, incluidas, las privatizaciones de los puertos y aeropuertos regionales, de lo contrario «no estoy seguro de poder conseguir el visto bueno de mi Parlamento Los diputados griegos, por supuesto, también deberán ratificarlo. Se avecinan curvas.

Tras las deserciones internas en Syriza, emergen con fuerza las voces que defienden la formación de una gran coalición de Gobierno que permita garantizar en el futuro la puesta en marcha de las reformas. Esta es la opción preferida de los socios europeos y acreedores, al margen de la dimisión de Tsipras, a sabiendas de que la celebración de nuevas elecciones añadiría incertidumbre a la negociación y que Syriza revalidaría el apoyo del electorado volviendo a poner al país en otro callejón sin salida. Con el respaldo de los conservadores de Nueva Democracia, los liberales de To Potami y los socialistas del Pasok, pueden tener más garantías de que el Gobierno griego puede y cumple con sus compromisos tras cinco años de programas frustrados y cinco meses de negociaciones que han dilapidado la paciencia y confianza de los socios: «Desde luego, no vamos a ser capaces de confiar en sus promesas», advertía ayer el ministro alemán Schäuble.

De Berlín a Helsinki

Alemania tiene una hoja de ruta marcada y no desea moverse. El diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung revelaba ayer el plan urdido por Berlín para expulsar a Grecia temporalmente del euro durante los próximos cinco años. Esa suspensión permitiría al país mantenerse en la Unión Europea y recibir ayuda humanitaria.

La información casa con la acusación que vertió el dimitido ministro Yanis Varufakis, quien denunció el interés de Schäuble en forzar el Grexit.

El riesgo a una ruptura sigue latente. Solo quedan 24 horas y nadie descarta el peor de los desenlaces. Alemania no es el único socio que se ha enrocado en su posición. Finlandia dio ayer la sorpresa al obstaculizar el acuerdo. Su ministro de Finanzas, Alex Stubb, no pude volver con una nueva solicitud de rescate en los términos planteados. Sus socios eurófobos podrían tumbar al Gobierno. No obstante, las cláusulas del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) permiten someter a votación esta decisión. Se necesita un 85% de apoyo para sacarlo adelante. El peso del país escandinavo es del 1,79%.  

La decisión sobre el futuro de Grecia en el euro está ahora en manos de los líderes de la UE que se reúnen esta tarde en Bruselas.

Dos ofertas en menos de un mes

Quería reforzar su posición negociadora con un referendo pero Alexis Tsipras ha terminado en el mismo punto de inicio y con peores perspectivas de cara a un acuerdo. Su equipo negociador se justifica asegurando que de no haberlo hecho, habría tenido que renunciar a la necesaria reestructuración de la deuda, pero lo cierto es que las instituciones ya lo contemplaban en el marco de un tercer rescate.

¿Qué ofrecía Atenas?

Ajustes de hasta 8.000 millones de euros. Las pensiones eran su línea roja. Tsipras estaba dispuesto a emprender una reforma en octubre para alargar la edad de jubilación a los 67. Nada de recortes a las prestaciones más bajas y extensión del plazo para eliminar las suplementarias. En lo que concierne al superávit primario, la propuesta fijaba ese objetivo en el 0,74 %. Los restaurantes entrarían en el tramo del IVA reducido (13 %) y se garantizaba el descuento del 30 % del IVA en las islas. El impuesto de sociedades subiría del 26 % al 29 %. Recorte del gasto militar de 200 millones de euros en el 2016.

¿Qué le exigió la troika?

Acelerar los plazos de la reforma de las pensiones y echarla a rodar este mismo mes. Fin de las pensiones suplementarias para el 2019. Superávit primario del 1 % del PIB. Tramo general del IVA (23 %) para los restaurantes y supresión del descuento a las islas. Subida del impuesto de sociedades del 26 % al 28 % y recorte del gasto militar de 400 millones en el 2016.

¿Qué ofrece ahora el Gobierno de Tsipras?

Recortes y subidas de impuestos por valor de 12.000 millones de euros. Acepta todas las demandas de los acreedores menos la que se refiere al gasto militar. Solicita un recorte de 100 millones para este año y 200 millones en el 2016. Y está por ver si tiene que volver a sacar la tijera, tal y como piden sus socios europeos.

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