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La desorientación, la desilusión y la resignación de gran parte del pueblo griego eran patentes ayer en la plaza de Syntagma, situada frente al Parlamento y centro de las celebraciones del domingo por el triunfo del no en el referendo. Había una manifestación convocada por los votantes de aquel no, que fue algo desangelada pues ya tiene otro significado. Ahora les venden el mismo paquete, incluso ampliado, en otro envoltorio y les piden un sí.

Era un lío, porque esta gente quiere seguir en Europa pero el no se asociaba ayer inevitablemente con un rechazo al nuevo plan del Gobierno que, a esa misma hora, se sometía a la aprobación del Parlamento. Para colmo, al mismo tiempo confluyeron en la plaza otras dos protestas, de comunistas y sindicatos y siglas de extrema izquierda, que sí están en contra de todo acuerdo e incluso quieren salir del euro. Cayó la noche y la muchedumbre esperaba a última hora el desenlace, sin que el descontento se hubiera traducido en incidentes.

El Parlamento debatió anoche el vía libre para que el Gobierno griego negocie su propuesta en Bruselas. Era un gesto de seriedad muy conveniente para la jornada decisiva de hoy y, a la espera de una votación de madrugada, se daba por hecho, pues tanto los dos partidos del Gobierno como casi toda la oposición confirmaron su apoyo. Durante la sesión el nuevo ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, defendió que el último plan es mejor que el rechazado en el referendo. «Muchas de la demandas griegas van a ser aceptadas», aseguró, y entre ellas citó una aspiración helena: que 27.000 millones de euros de bonos griegos del Banco Central Europeo (BCE) puedan pasar al fondo de ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES). Tsakalotos también sostuvo que los ajustes «se repartirán de forma más equitativa».

El primer ministro, Alexis Tsipras, debía lidiar con la misma confusión de la calle dentro de su partido, la coalición de extrema izquierda Syriza, donde el ala más radical está muy revuelta con el nuevo plan. Sabedor de este malestar, Tsipras obtuvo el lunes un pacto de unidad nacional con casi toda la oposición, salvo los neonazis de Amanecer Dorado y los comunistas, para no tener sustos en el Parlamento. Pero, naturalmente, desea reducir al mínimo la disidencia interna. Por eso reunió ayer a sus parlamentarios a las ocho de la mañana para cerrar filas.

Gobierno técnico

«O seguimos todos juntos o nos vamos todos juntos, no tengo la intención de ser jefe de un Gobierno técnico», advirtió ante el riesgo de una crisis del Ejecutivo por divisiones internas. «Tenemos un mandato para arrancar un acuerdo mejor, no para sacar a Grecia del euro».

Al menos tres diputados de Syriza, según medios griegos, se negaban anoche a apoyar el plan, pero el resto asumió la disciplina de voto. El ala dura, que aglutina a unos 40 diputados de un total de 149, en un hemiciclo de 300 escaños, lo asumió de forma pragmática. «Votamos a favor de delegar en el Gobierno, no del plan en sí». Hubo una ausencia muy significativa. El hasta ahora ministro de Finanzas, el controvertido Yanis Varufakis, anunció que no asistiría a la votación por «motivos familiares». Sin embargo fue cazado por los fotógrafos en el ferri de la isla de Aegina, donde tiene una casa.

Lo que debe de pensar Varufakis y lo que se piensa en el núcleo duro de Syriza está claro, lo dijo ayer su líder, el ministro de Energía, Panayotis Lafazanis. «El plan no está en línea con nuestro programa y no ofrece ninguna perspectiva para la economía. El no del pueblo en el referendo no puede traducirse en un sí humillante». La batalla interna del partido de Tsipras queda aplazada hasta la aprobación definitiva del plan, si este sábado recibe el visto bueno del resto de la UE, y anuncia las graves tensiones que pueden sacudir en breve el Gobierno griego. El riesgo de elecciones anticipadas sobrevuela el ágora.

Cortafuegos para Chipre

El Eurogrupo estudia cómo levantar un cortafuegos financiero en torno a Chipre para proteger a esta pequeña economía de la eurozona en el caso de que Grecia abandone la divisa común, informó ayer el semanario alemán «Der Spiegel». A juicio de los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona, Chipre es la economía que más podría verse afectada por el Grexit debido a sus estrechos lazos con Grecia. En un caso extremo se contemplaría incluso activar los recursos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede), el fondo de rescate permanente de la Unión Europea (UE), según la revista alemana. Además, el Ministerio de Finanzas alemán estudia medidas legales para evitar que pueda volver a repetirse en la eurozona un caso como el de Grecia.

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Tsipras arranca al ala dura de Syriza un sí para su paquete de reformas