París da el sí a Grecia, pero Berlín no habló

Bruselas afirma que las propuestas de Atenas producen sensaciones positivas


Bruselas / Colpisa

La saga griega es una cuestión de números, pero sobre todo es un problema de confianza. No la hay, está quebrada en mil pedazos y, ante esto, solo queda esperar un acto de fe por parte de los acreedores. ¿Por qué creer ahora a Alexis Tsipras después de cinco meses de desconcierto y el órdago inesperado del referendo? Se habla de cifras, pero la solución no llegará con sumas y restas, sino con voluntad política. La está derrochando Francia en las últimas horas, aunque Alemania por ahora es reacia a mostrarla.

Hoy es el día G. Es el Eurogrupo clave para decidir si Grecia seguirá en el euro. Las sensaciones son «positivas», pero todo dependerá de la línea dura. De Holanda, Finlandia, Eslovaquia, los bálticos? Y de Alemania. Sí, de nuevo. Es la tozuda realidad. Es la gran potencia, el 30 % del PIB de la eurozona, el país que aporta uno de cada tres euros de los rescates. Y como se escuchó esta semana en la Eurocámara, quien paga la orquesta decide qué música tocar.

El lunes, al filo de la medianoche, llegó el ultimátum definitivo a Grecia y parece que Tsipras entendió que los líderes del euro no van de farol y que su paciencia se ha agotado: o euro o fuera. El día 12, domingo, decidiremos, le dijeron. Se estableció un riguroso calendario de pasos a seguir que están cumpliendo a rajatabla. Primero, realizar una petición formal del tercer rescate y segundo, enviar una propuesta detallada suficientemente creíble para que el Eurogrupo acceda a negociar. Grecia siguió el guion que se le marcó, pero eso no prefigura el resultado. Ayer, los hombres de negro de la troika estuvieron toda la jornada analizando la viabilidad de la propuesta y, según fuentes comunitarias, las sensaciones son «positivas».

El domingo, en el Consejo, no se vota ningún acuerdo, sino decidir si abren o no las puertas al tercer rescate. Si dan el OK, comenzará la verdadera negociación: cuánto dinero es necesario y qué estás dispuesto a hacer a cambio. Dicho de otra forma. La propuesta griega, esa que ya difumina sus líneas rojas, solo es un punto de partida para iniciar una negociación en la que inevitablemente deberá seguir cediendo. Países como Francia ven factible el acuerdo: «El programa es serio y creíble». En esta misma línea se expresó el primer ministro italiano, Matteo Renzi, que se mostró tan optimista que dijo que quizá no fueran necesarias las cumbres del domingo.

Pase lo que pase en el Eurogrupo, cualquier acuerdo deberá ser avalado por los Parlamentos nacionales de Alemania, Holanda, Finlandia, Eslovaquia, Estonia y Austria, seis de los países más duros. Aquí radica el problema. Y, si no, escuchen al ministro de Finanzas eslovaco: «Uno se pregunta lo rápido que una oruga puede convertirse en mariposa», ironizó ayer.

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