Grecia envía a Bruselas reformas más duras que las rechazadas en el referendo

Los socios abren la puerta a una reestructuración de la deuda si Atenas va en serio


bruselas / corresponsal

Las cartas están echadas. Ya no queda tiempo ni voluntad en la zona euro para seguir alargando la crisis griega. El Gobierno de Alexis Tsipras se la juega hoy con un paquete de reformas más duro del que estaba dispuesto a asumir antes de que la convocatoria del referendo hiciese saltar por los aires las negociaciones. La propuesta, que pretende ser lo suficientemente ambiciosa para que los socios acepten un tercer rescate, fue aprobada ayer de común acuerdo en un consejo de ministros convocado por Tsipras y enviada por correo electrónico a las diez de la noche a Bruselas.

La nueva propuesta, elaborada con ayuda de funcionarios franceses enviados a Atenas y filtrada a los medios griegos, es un compendio de las medidas que planteó Atenas antes de la ruptura de las negociaciones y las reformas que publicó Bruselas tras la convocatoria del referendo. En esencia, consisten en acometer de forma inmediata una reforma de las pensiones y no retrasarla al mes de octubre, como había solicitado. Tsipras también se compromete a poner en marcha una reforma fiscal como la que había propuesto la Comisión Europea. Esto es, tres tramos de IVA. En el superreducido (6,5 %) se incluirían medicamentos, libros y teatro. El tramo reducido del 13 % se impondría a alimentos, hoteles, energía y agua. Los restaurantes pasarían del 13 % al 23 %. También limitará la subida del impuesto de sociedades del 26 % al 28 % como pedía el FMI, frente al 29 % sugerido por Tsipras. El impuesto de lujo se alzaría del 10 % al 13 %. Los recortes y subidas de impuestos incluidos alcanzarían, en conjunto, los 12.000 millones de euros frente a los 8.000 que Tsipras había previsto en la última propuesta firme que envió a la troika.

En lo que se refiere al gasto en defensa, el Gobierno de Tsipras se compromete a recortarlo en 300 millones para finales de 2016.

¿Hay obstáculos? Sí. Atenas decide mantener el descuento del 30 % de la tarifa del IVA a las islas y exige un compromiso para reestructurar la deuda. El Gobierno de Syriza hizo saber a sus socios que ningún acuerdo podría ser aprobado por el Parlamento en Atenas si no se incluía un alivio parcial de la carga.

En las últimas horas, la Eurozona ha suavizado el tono y abierto las puertas a una posible reestructuración, siempre y cuando exista un compromiso claro por parte de Tsipras. No más juegos ni trampas políticas. «Necesitamos reglas, reglas y reglas. Y tienen que ser cumplidas. Pero también necesitamos sabiduría e inteligencia para aplicar estas reglas», reclamó el ministro francés de Finanzas, Michel Sapin. Su homólogo alemán advirtió, tras reconocer la necesidad de reprogramar la devolución de la deuda, que «la responsabilidad de lo que ocurra en Grecia y de cualquier decisión de transferencias financieras recaen en el Gobierno griego y en los socios, no en el Consejo del BCE». Una llamada a Tsipras para que sacie la sed reformadora del Eurogrupo antes de apelar a Fráncfort para que le suministre liquidez a los bancos.

Grecia cede en las reformas y Alemania en la reestructuración de la deuda pero todavía quedan interrogantes, como cuántos fondos necesitará el país y por cuánto tiempo. Según medios helenos, Atenas pediría 50.000 millones para los próximos tres años. El FMI eleva la cifra a 70.000. Otra cuestión en el aire es qué pasará cuando la propuesta de rescate llegue a los parlamentos de Atenas y Berlín. El presidente de la Comisión, Juncker, se reúne estos días con los líderes de la oposición griega para tratar de buscar su apoyo a las reformas. Se teme que los amotinados de Syriza no apoyen el paquete. En el Bundestag, la situación también es compleja. Se ha extendido el hartazgo y algunas voces hablan abiertamente del Grexit.

Los halcones

Alemania es el paladín del grupo de países hostiles con Grecia. No por ser el más duro pero sí por llevar la voz cantante. Se juega mucho. El dinero prestado a Atenas y lo más importante, su liderazgo al frente del proyecto europeo. Detrás de la mano dura de Berlín se alinean Holanda, Finlandia, Austria, Bélgica y Eslovenia. Ninguno quiere hacer una sola concesión a Tsipras. La quita está descartada. «No estamos dispuestos a rebajar la carga de la deuda», asegura el ministro finlandés de Finanzas, Alex Stubb. En tercera línea se sitúan los países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y Eslovaquia. Los más pequeños «son los que se han mostrado más duros», reconocen en Bruselas. Ellos también tuvieron que hacer grandes esfuerzos para consolidar sus finanzas y no están dispuestos a que se conceda trato de favor a Grecia.

La palomas

Francia ha liderado casi en solitario el frente de países que intentaron mantener a flote las negociaciones con un perfil más conciliador. París trató sin mucho éxito de hacer de contrapeso a la implacable postura de Berlín, pero no ha sido hasta esta última etapa de las conversaciones cuando su presidente, François Hollande, y el primer ministro, Manuel Valls, apurados por las críticas internas y por el riesgo a una ruptura del euro han levantado la voz para garantizar el futuro de Grecia en la eurozona. Apoyan abiertamente un alivio de la deuda griega y una mayor flexibilidad de los objetivos. La misma que piden para su país, que tiene muy difícil cumplir con sus compromisos de déficit. Chipre, país que también cayó en las redes del rescate, respalda una solución más equilibrada para Atenas.

Las veletas

Entre dos aguas se encuentra un subconjunto de países que han fluctuado desde posiciones mucho más duras a otras más benevolentes, y viceversa. Italia es el ejemplo más emblemático de esa actitud errática. Su primer ministro, Matteo Renzi, no escondía su complicidad con Tsipras al inicio de las negociaciones. Sin embargo, la relación con Atenas se fue deteriorando por cuestiones de política nacional, que lo llevaron a coincidir en alguna ocasión con Angela Merkel. España, Irlanda y Portugal han hecho un recorrido distinto. Partieron de una posición tan dura como la alemana para exigir que Atenas asumiese los mismos sacrificios que ellos. Hoy sugieren que se hable de la reestructuración de la deuda, conscientes de que una salida de Grecia del euro les pondría en el punto de mira de los mercados.

Las tres líneas del Eurogrupo

Un país sumido en el corralito, una sensación generalizada de frustración y una Eurozona dividida en tres ejes en constante tensión para imponer unos y otros remedios. Es el legado de los últimos cinco meses de negociación entre Grecia y sus socios europeos. Hay quienes defienden unas políticas presupuestarias más flexibles, quienes asumen que hay que ayudar a Atenas para evitar un mal peor, y quienes abogan por meter en cintura al pueblo heleno hasta que no les quede más aire. En el medio del campo de batalla, se erige el gran muro que separa a Grecia del final de la crisis: La deuda.

¿Cómo aliviar ese peso? El FMI, Bruselas, Francia, EE.UU. y hasta países más reacios a mostrarse flexibles con Grecia, como España, han pedido estos días la apertura de un debate para reestructurar la deuda helena, que asciende al 180% del PIB y es un requisito irrenunciable para Tsipras. ¿En qué se traduciría? En una ampliación de los plazos de devolución y relajación de los tipos de interés.  Alemania siempre rechazó otorgar a Atenas más flexibilidad o perdonar parte de la carga, algo que podría cambiar. La canciller alemana, Angela Merkel, rechazó ayer cualquier «quita tradicional» pero su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, reconoció que la «reconfiguración» de la deuda será necesaria. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también dijo que «unas propuestas realistas de Atenas deben ir acompañadas de unas propuestas realistas de los acreedores sobre la sostenibilidad de la deuda para que todos ganen». Algunos líderes como el estonio, Taavi Roivas, se desmarcaron dejando claro que las divisiones perduran.

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