Dos premios Nobel de Economía animan a votar en contra de las propuestas de la troika

Los prestigiosos Paul Krugman y Joseph Stiglitz creen que las medidas de los acreedores arrastrarían a Grecia a la eterna tortura de «una depresión casi sin fin»


Mientras en el campo de la política europea se libra una verdadera batalla campal por el futuro de Grecia, algunos fuertes contendientes han comenzado a tomar posiciones. Mientras el Viejo Continente auna sus fuerzas para volcar la posición de los griegos en el referéndum a favor de sus preferencias, algunos personajes influyentes de la esfera económica empiezan su peculiar batalla por decantar la balanza hacia el otro lado. 

Los premios Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman tienen claro cuál sería su voto si formaran parte del castigado pueblo griego. Un «no» rotundo sonaría de sus críticas voces si el próximo domingo 5 de julio tuvieran potestad para decidir por el futuro del país heleno. Muy respetados en la comunidad internacional por sus teorías económicas, Krugman y Stiglitz ven en el «no» una salida de Grecia al problema del que se encuentra presa desde hace ya años.

«Votaría no», indica Krugman en el diario The New York Times, al tiempo que se declara como uno de los mayores críticos con las intransigentes recetas de ajuste fiscal aplicadas en Europa para salir de la crisis. «En primer lugar, sabemos que una austeridad aún más dura es un callejón sin salida, después de cinco años Grecia está peor que nunca. Segundo, mucho y quizá lo peor del temido caos por la salida de Grecia del euro ya ha ocurrido. Con los bancos cerrados y la imposición de los controles de capital, no hay mucho más daño que hacer», sentencia en un artículo que lo ha convertido en trending topic mundial.

Este profesor retirado de la Universidad de Princeton sitúa en el centro de su diana a la troika (conocidos hoy en día con el nombre de acreedores internacionales, una denominación algo menos estigmatizada) a los que critica por su incansable -y errática- intención de «continuar de manera indefinida las políticas de los últimos cinco años». «Quizá, solo quizá, la voluntad de dejar el euro inspirará a repensar, aunque probablemente no. Pero incluso así, la devaluación podría sentar las bases de una recuperación final».

Algo más cauteloso se muestra Joseph Stiglitz. El ex economista y jefe del Banco Mundial da la voz de alarma y alerta sobre las nefastas consecuencias que tendría dejar la puerta completamente abierta a las reformas de la troika ofreciendole un rotundo «sí». «Un voto por el sí significaría una depresión casi sin fin. Un voto por el no abriría al menos la posibilidad de que Grecia, con su fuerte tradición democrática, pueda asir su destino en sus propias manos», apunta el también Nobel de Economía.

Stiglitz cree que el pueblo griego tiene en sus manos la posibilidad de «modelar un futuro» que, aunque no se vislumbra tan próspero como el de antaño, «sí resulta mucho más esperanzador que la inconsciente tortura del presente».

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