Atrapado entre la troika, Syriza, la derecha y sus promesas electorales

Alexis Tsipras intenta sofocar varios incendios políticos activos a la vez


bruselas / corresponsal

Se encuentra contra las cuerdas. Las negociaciones con la troika, la rebelión interna en Syriza, la debilidad de la coalición de Gobierno, una oposición conspiradora y unos ciudadanos cada vez más escépticos han puesto al líder griego, Alexis Tsipras, en el centro de todas las críticas. El desgaste político que ha sufrido en estos cinco meses de extenuante pelea con los acreedores no tiene parangón. Ha resistido de forma hercúlea pero se le han encendido demasiados fuegos por el camino.

Tsipras ha conseguido concesiones de la troika en cuestiones como el superávit primario pero existen exigencias sacrosantas que las instituciones no van a perdonar, como el recorte de las pensiones. El enfrentamiento con los acreedores no es solo cuestión de números. También tiene motivaciones políticas como el temor por parte de muchos socios europeos a que el fenómeno de Syriza se reproduzca en otros países en dificultades, como España. No habrá por tanto clemencia sino presión para que Tsipras capitule.

Otro fuego es el que arde dentro de la propia formación de la izquierda radical. Un grupo amplio de amotinados de Syriza, entre ellos intelectuales y académicos de renombre, amenazan con echar por tierra cualquier acuerdo que implique nuevos sacrificios a los ciudadanos griegos y no establezca el alivio de la deuda: «Somos gente orgullosa. No aceptaremos ser humillados», advertía ayer nuevamente el vicepresidente del Parlamento, Alexis Mitrópulos. Aunque en las últimas horas parece que ha habido un mayor acercamiento entre el primer ministro y los rebeldes de Syriza, la votación de un eventual acuerdo está aún en el aire. Solo 12 votos en contra pueden sellar su defunción y la Plataforma de Izquierdas, que lidera el ministro Lafazanis y aboga por la ruptura con la eurozona y la vuelta al dracma, cuenta con el respaldo de entre veinte y treinta diputados.

Los problemas surgen también en el flanco derecho. El líder del principal partido de la oposición, el conservador Antonis Samarás, propuso ayer la formación de un Gobierno de unidad nacional sin Tsipras en el caso de que el acuerdo no vea la luz verde en el Parlamento, según cuenta el diario griego To Vima. El jefe de Nueva Democracia se opone a la celebración de elecciones anticipadas, al igual que el partido de centro To Potami, cuyo líder Stavros Theodorokais habría hablado con Tsipras sobre la posibilidad de formar un nuevo Ejecutivo, según reveló él mismo al Financial Times.

Y en medio de la compleja red de tensiones políticas, los ciudadanos empiezan a salir a la calle para exigir a Tsipras que cumpla sus promesas. En un país donde el 48% de los pensionistas sobreviven con menos de 665 euros mensuales, será muy difícil vender un acuerdo que cercene todavía más los ingresos de los más humildes, tal y como propone el FMI. La población empieza a polarizarse entre los partidarios de abandonar la eurozona si el acuerdo no es satisfactorio para los intereses griegos y los que proponen seguir dentro, incluso si el precio a pagar es demasiado elevado.

La crisis griega eclipsa el debate sobre la mayor integración en la zona del euro

Lo urgente se cruzó en el camino de lo importante. La gravedad de la crisis griega ha hecho pasar a segundo plano uno de los asuntos centrales de la cumbre de líderes, el debate del denominado informe de los cinco presidentes, un documento que resume las ideas de los responsables de la Comisión, el Consejo, el BCE, el Eurogrupo y el Parlamento europeo para rescatar a la eurozona de la mediocridad. Lograr ese objetivo pasa por un salto cualitativo en la integración europea. «Tras muchos años de crisis, Gobiernos e instituciones deben demostrar a los ciudadanos y a los mercados que la zona del euro hará algo más que simplemente sobrevivir. Ciudadanos y mercados necesitan ver que la zona del euro prosperará», apuntan los presidentes.

A su juicio, hay que empezar por mejorar el uso de los instrumentos existentes y los Tratados en vigor para fomentar la competitividad y la convergencia entre los países de la eurozona. Para ello, proponen un sistema de autoridades nacionales de competitividad y aplicar de forma más estricta el procedimiento sancionador por desequilibrios económicos. La principal iniciativa en una primera fase del plan es la unión bancaria, con la creación de un sistema europeo de garantía de depósitos, medida bloqueada hasta ahora por Alemania. También reclaman un mecanismo de financiación para el nuevo fondo europeo de 55.000 millones que se ha creado con el fin de reestructurar y liquidar bancos en crisis.

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