La izquierda de Syriza se rebela contra Tsipras y el pacto con la troika

El vicepresidente del Parlamento rechaza las medidas por «extremas y antisociales»


Bruselas | Corresponsal

Ni siquiera ha estampado su firma en el acuerdo y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, ya tiene a la facción más radical de su partido, Syriza, levantada en armas contra él.

El paquete de medidas que el líder heleno ofreció el lunes a la troika para desbloquear los 7.200 millones de euros pendientes del rescate ha suscitado un amplio rechazo entre sus compañeros de partido. El aumento de las cotizaciones sociales, el endurecimiento de las prejubilaciones y la retirada de complementos a las pensiones más bajas han reabierto heridas en la coalición, donde una amplia facción de hasta 40 diputados, perteneciente al ala más izquierdista, se oponen frontalmente a cruzar las que se suponían que eran líneas rojas para el nuevo Gobierno.

El vicepresidente del Parlamento, Alexis Mitrópulos, aseguró que no aprobaría las medidas por «extremas y antisociales», pero no es el único. Muchos otros ven en estas concesiones de Tsipras una traición al programa político y los ciudadanos, a los que se les prometió poner fin a la austeridad. «Son medidas criminales. Nadie las va a aprobar», advirtió el legislador de izquierda, Yanis Michelogiannakis.

La incertidumbre crece en torno al futuro del acuerdo, que deberá someterse a votación en el Parlamento griego y donde doce votos en contra son suficientes para echarlo por tierra. Los diputados del partido ultranacionalista Anel, socio del Gobierno, confirmaron que apoyarán a Tsipras, pero las sensaciones no son buenas en Syriza. La prensa helena calcula que en torno a 30 diputados se rebelarían y votarían en contra del acuerdo. Si ese fuese el caso, el líder griego estaría obligado a buscar nuevas alianzas o convocar elecciones.

El portavoz del Gobierno, Gabriel Sakellaridis, llamó a los diputados de Syriza a asumir sus «responsabilidades individuales» para evitar ese escenario que pondría a Grecia en una situación extrema. «Si el acuerdo no logra la aprobación de la mayoría gubernamental, el Gobierno no puede mantenerse», advirtió.

La contestación en la calle crece a medida que se va perfilando el acuerdo. Ayer los pensionistas se echaron a la calle para pedir a Tsipras que dé marcha atrás.

Las propuestas griegas todavía no sacian el hambre del FMI

¿Dónde está Christine Lagarde? Fue la pregunta que se hizo todo el mundo al término de la reunión que mantuvieron los líderes europeos y la troika el pasado lunes. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) no compareció como es habitual con el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, y su homólogo del Consejo, Donald Tusk. Ni una sola palabra. La puesta en escena fue una fiel representación del divorcio entre el Fondo y sus socios de la troika.

Mientras algunos se preparaban para descorchar el champagne en vista de un acuerdo inminente, Lagarde se retiraba silenciosa a sabiendas de que las últimas horas de trabajo antes del Eurogrupo de esta tarde serían más duras de lo que todo el mundo pensaba. Su equipo no se siente satisfecho con la oferta de Tsipras de subir impuestos a través del IVA y de recortar pensiones para sumar 8.000 millones de euros más a los presupuestos anuales.

El FMI quiere más y así se lo ha hecho saber a los griegos en las negociaciones técnicas que han mantenido estos días en Bruselas. Lagarde exige esfuerzos fiscales suplementarios o una reestructuración de la deuda helena (180% del PIB) para garantizar que las finanzas griegas son sostenibles en el medio plazo. La primera opción es rechazada de lleno por Tsipras, quien ha llegado al límite de sus esfuerzos y no puede volver a Atenas con nuevas rebajas. La segunda no cuenta con la aprobación de los socios del euro. Nadie quiere absorber pérdidas con una nueva quita. Al FMI no le preocupa, es acreedor privilegiado.

Hoy se pondrán todas las cartas sobre la mesa y se sabrá si es la terquedad de los negociadores helenos la que se interpone entre Grecia y el acuerdo o si las maniobras de la francesa Lagarde en la sombra han contribuido a agudizar la crisis.

El Eurogrupo condiciona la luz verde a que Atenas ponga plazo a las reformas

Grecia afronta hoy una nueva jornada decisiva para su futuro ya que sabrá, por fin, si el acuerdo con la troika llegará a tiempo para desembolsar los 7.200 millones de euros del último tramo del rescate o si el país se precipitará hacia la quiebra.

Los ministros de Finanzas del euro se reunirán esta tarde en Bruselas para pasar lista a la propuesta final del Gobierno heleno. La música y la letra deberán encajar para que haya luz verde a un paquete que propone ahorros anuales de 8.000 millones de euros vía recortes o impuestos. El Eurogrupo espera aclarar en qué consistirá la «lista de acciones prioritarias» propuesta por Grecia. Qué medidas se incluyen en ese paquete y cuál es el calendario previsto para su puesta en marcha de forma urgente. Los socios del euro no quieren más brindis al sol. Exigen compromisos sobre el papel y plazos concretos.

Otra incógnita a resolver es la solución que ofrecerá la eurozona a Atenas para devolver 1.600 millones de euros al FMI el próximo 30 de junio y evitar el impago. Con el acuerdo, si es que finalmente se concreta, pendiente de ser ratificado por algunos parlamentos nacionales, a Atenas no le dará tiempo a poner en marcha las reformas y desembolsar los fondos. Si las retenciones en los pagos a proveedores del Gobierno heleno no son suficientes para pagar la factura al FMI necesitarán otros cauces. El adelanto de la ayuda, tantas veces descartada, podría ser una opción. También que el BCE permita a Grecia volver a financiarse a corto plazo a través de sus bancos tan pronto como se firme el acuerdo.

Ninguna de estas cuestiones pasará por las manos del ministro de Finanzas heleno, Yanis Varufakis. Su líder, Alexis Tsipras, ha tomado las riendas de las negociaciones personalmente. Hoy se reunirá con Jean Claude Juncker, Christine Lagarde y Mario Draghi. Este último decidió de nuevo ayer mantener la respiración asistida de los bancos griegos para evitar el corralito. La línea de financiación de emergencia ronda ya los 90.000 millones y busca paliar una fuga de depósitos que ronda los 40.000.

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