Sudáfrica facilita la marcha del presidente de Sudán pese a la prohibición judicial

Al Bashir volvió a esquivar la orden de arresto del Tribunal Penal Internacional


Redacción / La Voz

El presidente de Sudán, Omar al Bashir, sobre el que pesan dos órdenes de detención por genocidio del Tribunal Internacional de Justicia (TPI), regresó a su país desde Sudáfrica, pese a la prohibición preventiva del Tribunal Superior de Pretoria que le impedía hacerlo. Al Bashir llegó a Jartum en un avión sudanés que partió sin ningún problema del aeropuerto militar de Waterkloof (Pretoria) poco antes de que el mismo tribunal pidiera al Gobierno que lo detuviera. El tribunal de La Haya había recordado el pasado 28 de mayo a Sudáfrica su obligación, como firmante del Estatuto de Roma, de detener y entregarle Al Bashir si viajaba a su territorio.

Al mismo tiempo que despegaba el avión, un representante del Gobierno aseguraba al tribunal de Pretoria que el presidente sudanés todavía se encontraba en el país y que su nombre no se encontraba en la lista de pasajeros. El presidente sudafricano, Jacob Zuma, se había comprometido a ofrecer inmunidad a todos los líderes que participaran en la cumbre de la Unión Africana (UA) que tuvo lugar el fin de semana, motivo del viaje de Al Bashir. Los integrantes de la UA han acusado en numerosas ocasiones al TPI de perseguir injustamente a los líderes africanos.

El fiscal adjunto del TPI James Stewart mostró su «decepción» por la inacción de las autoridades, aunque por otra parte celebró que la Justicia sudafricana tratara de impedir que un jefe de Estado en ejercicio abandone el territorio, lo que demuestra, en su opinión, que por primera vez en África «una orden de arresto del TPI significa algo». «Es un trabajo de largo recorrido y la paciencia será recompensada», añadió. Stewart sugirió que el tribunal podría llevar al Gobierno de Zuma ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Amnistía Internacional considera que dejar escapar a Al Bashir, que llegó al poder en 1989 tras un golpe de Estado y está acusado de genocidio, es una traición a los cientos de miles de víctimas del conflicto de Darfur, que duró 11 años y causó 300.000 muertos y más de dos millones de desplazados.

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