Marruecos se parapeta contra el activismo homosexual

El país castiga con penas de hasta tres años de cárcel las «relaciones contra natura entre individuos del mismo sexo»


Efe

¿Hay una campaña internacional contra Marruecos por la ley que castiga la homosexualidad?. Así lo cree el gobierno de Rabat, después de tres días en los que se han sucedido en la capital distintos actos contra la homofobia tildados de meras «provocaciones». Activistas del movimiento feminista Femen que se desnudaron en el monumento más emblemático de Rabat, un músico de Placebo que escribió en su torso un lema contra la homofobia en pleno concierto, dos jóvenes marroquíes arrestados por besarse en público, y finalmente una española expulsada por su defensa de los homosexuales.

El ministerio del Interior marroquí, que este jueves emitió un comunicado para explicar el caso de la española L.V. expulsada ayer, lo ve así de claro: se trata de «ofensivas emprendidas por organizaciones extranjeras que sostienen causas de conductas desviadas», en alusión a la homosexualidad. «Estas maniobras de provocación y acoso, dirigidas por organismos extranjeros que violan deliberadamente las leyes marroquíes, atentan contra los fundamentos sociorreligiosos de la sociedad marroquí y contra la moralidad pública», agregó.

El artículo 489 del Código Penal marroquí castiga con hasta tres años de cárcel las «relaciones contra natura entre individuos del mismo sexo», y el anteproyecto de ley que prepara el gobierno para reformarlo endurece aún más las multas asociadas a esta pena. No hay estadísticas exhaustivas, pero cada cierto tiempo son detenidos en flagrante delito (en coches, en garajes o en sus propias casas) parejas de homosexuales, que son juzgadas y condenadas en procesos «exprés».

La homofobia no termina en la ley o en los tribunales: la misma sociedad es muy reticente a nombrar a los homosexuales con términos que no sean peyorativos, y menos reconocer su derecho a existir como tales.

Militantes del activismo gay han comentado la dificultad de defender en los procesos a los detenidos, porque la mayor parte de ellos niegan ser de condición homosexual y, en lugares alejados de las grandes ciudades, es difícil o imposible encontrar a abogados que los defiendan.

El presidente del Gobierno marroquí, Abdelilah Benkirán, al abordar el miércoles la percepción de las libertades individuales (de sexo o conciencia), explicaba así el sentir de la sociedad marroquí, con la que su partido, el PJD, proclama siempre su sintonía. «Cuando hablas de algo que tiene que ver con las virtudes, todo el mundo se levanta contra ti: no los periodistas -puntualizó-, sino toda una sociedad. Si respetamos la democracia, tenemos que respetar la opinión de todos los que tienen derecho a voto, y no solo de los periodistas».

Por ello, la actuación de Femen del pasado martes en la explanada de la Torre Hassan de Rabat, provocadora como todos los actos de este movimiento feminista, pudo cosechar aplausos o admiración en el extranjero, pero en Marruecos solo ha encontrado rechazo y oprobio. Las dos activistas se desnudaron el torso y se pintaron el lema «In Gay we trust» (En los gays confiamos) y se besaron y fotografiaron en una secuencia que duró apenas 20 segundos. Horas después, eran detenidas y expulsadas de Marruecos.

Un día después, dos chicos marroquíes cruzaron todas las líneas, fueron a la misma explanada y se besaron en público. Fueron inmediatamente arrestados tras este acto de «exhibición impúdica», y el ministerio del Interior difundió de inmediato sus nombres y sus fotografías. No se sabe cuándo pasarán a disposición judicial, pero el oprobio social está garantizado. Las activistas de Femen o el guitarrista de Placebo regresarán a sus países, pero los dos jóvenes marroquíes no tendrán escapatoria.

El pasado Día Mundial contra la homofobia, una embajada extranjera acogió en Rabat un acto al que invitó a activistas locales y regionales que luchan por los derechos homosexuales. La embajada ni siquiera quiere aparecer citada en los medios. 

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