Lufthansa plantea efectuar controles psicológicos aleatorios a sus pilotos

Los chequeos sorpresa se llevarían a cabo mediante psicoanalistas y terapeutas especializados


El grupo alemán Lufthansa, propietario de Germanwings, se plantea realizar a sus pilotos exámenes psicológicos sin previo aviso tras el accidente de su filial en los Alpes franceses, según ha avanzado el presidente del grupo aéreo, Carsten Spohr, al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung en una entrevista.

Spohr ha señalado al citado diario germano que «sería conveniente» comprobar mediante exámenes aleatorios la salud mental de los pilotos de la compañía, para evitar tragedias como la ocurrida en Los Alpes, el pasado 24 de marzo, en el que murieron 150 personas, entre ellas 50 de nacionalidad española.

Para prevenir que los pilotos operen con algún problema psicológico, los chequeos sorpresa se llevarían a cabo mediante psicoanalistas y terapeutas especializados para conocer si los pilotos están pasando un mal momento, presentan algún trastorno mental o depresión, según ha informado el presidente de Lufthansa.

Según la Fiscalía de Marsella, encargada de la investigación, el copiloto Andreas Lubitz estrelló deliberadamente el avión. El copiloto Andreas Lubitz de Germanwings informó en 2009 a la escuela de pilotos de la aerolínea de «un episodio previo de depresión severa», que obligó a interrumpir su formación varios meses.

En el registro de su domicilio, registrado por la Fiscalía de Dusseldorf, apareció un parte de baja roto para el día en el que se produjo la tragedia, del que la aerolínea no tenía constancia.

Dos meses después del trágico accidente aéreo, Lufthansa aseguró que trabaja para mejorar la seguridad en sus aviones y que ya están cambiando la técnica de las puertas de seguridad a bordo de las aeronaves.

Dos líneas de investigación

Lubitz manipuló los controles de la misma aeronave en el vuelo precedente para que descendieran bruscamente hasta los 100 pies, según consta en el informe preliminar elaborado por la Oficina de Investigación y Análisis de Accidentes de Aviación Civil de Francia (BEA).

Tras analizar los factores del vuelo y del precedente, la BEA concluye que el copiloto «se encontraba solo en la cabina de mando» en el momento del siniestro y que, «de manera intencionada», «modificándolas instrucciones del piloto automático para hacer descender la aeronave hasta que impactase con el terreno».

El copiloto no abrió la puerta de la cabina de mando durante el descenso, a pesar de las solicitudes de acceso realizada a través del teclado numérico, el interfono de cabina y las comunicaciones de radio.

La investigación francesa también estudiará el sistema de protección de la cabina de mando de las aeronaves, analizando las decisiones adoptadas en materia de seguridad tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. La BEA ha explicado que estudiará «la lógica aplicada a los sistemas de bloqueo de las puertas de cabina de mando y los procedimientos de acceso y salida de la cabina de mando».

La cabina de pilotaje fue la parte del avión que más cambios sufrió tras los atentados del 11-S en 2001, al poderse bloquear desde dentro el acceso aunque se introduzca el código numérico desde fuera. En caso de emergencia, tienen un código específico de emergencia que abre la puerta, pero que el piloto tiene la posibilidad de anular con el botón de bloqueo.

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