Redacción / La Voz

Miles de inmigrantes de Birmania y Bangladés siguen a la deriva en el mar del sudeste asiático al rechazar Malasia, Indonesia y Filipinas hacerse cargo de ellos, ignorando los llamamientos de la ONU y las oenegés a acabar con este juego de «ping-pong humano». «Por favor, ¡ayúdennos!», suplicaban los ocupantes del destartalado pesquero en el que viajan más de 300 hombres, mujeres y niños rohingyas -minoría musulmana considerada por la ONU como una de las etnias más perseguidas del mundo- y que fue interceptado ayer por buques tailandeses cerca de la isla de Koh Lipe.

«Llevamos tres meses en el mar. Queríamos ir Malasia, pero no lo hemos logrado», dijo. «En el viaje han muerto diez personas. Tiramos sus cuerpos al mar», explicó uno de los inmigrantes al periodista de AFP a bordo de un barco que pudo acercarse al pesquero. Ondea una bandera negra con el lema en inglés «Somos rohingyas de Birmania», mientras unas mantas protege del sol a los inmigrantes famélicos y desesperados. «No hemos comido nada desde hace una semana, no hay dónde dormir y mis hijos están enfermos», dijo Sajida, junto a cuatro pequeños de 2 a 8 años. Algunos han tenido que beber sus orines para sobrevivir. Militares tailandeses lanzaban desde helicópteros al barco alimentos y agua. Varios rohingyas se lanzaron al mar para recuperar algún paquete. Los militares también enviaron ayuda para arreglar los motores del navío.

Todo con el objetivo de que se alejen de sus costas. Malasia e Indonesia también rechazan todos los barcos de inmigrantes que se acercan, condenándolos a permanecer en su prisión flotante.

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Tres meses a bordo de una prisión flotante