El rey saudí desaira a la Casa Blanca al no acudir a la cumbre de Camp David

El país más poderoso de la península arábiga insiste en marcar su rumbo agitando el «statu quo» imperante en la región


Amán / Corresponsal

Parece que Irán ha conseguido tambalear la inmóvil alianza entre Arabia Saudí y Estados Unidos. El rey Salman no asistirá a la cumbre de mañana y el jueves en Camp David, donde Barack Obama había convocado a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para recomponer relaciones tras sus recelos sobre el acuerdo nuclear iraní. La ausencia ha sido interpretada como un desaire con el que el país más poderoso de la península arábiga insiste en marcar su rumbo agitando el statu quo imperante en la región.

El rico reino petrolero ya ha dado señales de su emancipación del fiel aliado con la intervención militar en Yemen, ante su temor al apoyo iraní a los rebeldes hutíes chiíes que habían tomado la capital, Saná. Ahora, el gesto político parece indicar que el nuevo monarca Salman, con apenas cinco meses de reinado tras la muerte del rey Abdalá, está decidido a marcar la dirección.

Solo dos días después de que la Casa Blanca anunciara públicamente la asistencia del máximo representante saudí, la monarquía ha excusado la cita alegando que coincide con la tregua humanitaria en Yemen. El rey ha delegado la representación en el príncipe heredero, Mohamed Bin Nayef, y el ministro de Defensa, Mohamed Bin Salman. De los seis países que forman el CCG -Arabia Saudí, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Kuwait y Catar- únicamente los dos últimos tendrán representantes al más alto nivel en la cumbre de Camp David.

La decisión de Salman coincide con la imagen de líder decisivo que también se ha fraguado en la política interna. Aunque sin grandes reformas y una continúa represión a la disidencia, se vivió como un cambio su apuesta por poner al frente del país a las nuevas generaciones de la familia real.

Apoyo a la coalición

Washington intenta apaciguar y ha ofrecido armamento y apoyo a la coalición que interviene en Yemen para compensar el acercamiento a Irán gracias al que forjó el acuerdo sobre el programa nuclear. Lo cierto es que los regímenes y teocracias árabes suníes sienten en los últimos años la amenaza latente de la influencia creciente del país chií, que se extiende desde Yemen hasta el Líbano pasando por Irak y Siria.

Arabia Saudí, centrado en los temas de seguridad, insiste en la política de apoyo a los rebeldes en Siria, para terminar con el régimen proiraní de Bachar Al Asad, y ha rebajado el enfrentamiento con los Hermanos Musulmanes, acercándose a Turquía y Catar, con quienes busca una gran alianza suní.

Desde la Casa Blanca no han dado importancia al anuncio y tampoco se espera que Obama se tome la revancha. Pero del gesto se deduce que las relaciones entre los dos países están tocadas.

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