Carlos Somoza: «Sospechamos que hay quien paga para colarse en las listas para ir a Katmandú»

El montañero gallego y su compañera de trekking, la pontevedresa Chus Pazos, siguen a la espera de una avioneta que los lleve a la capital de Nepal


Carballo / La Voz

Tres días después de haber llegado a la localidad de Lukla tras otras tantas jornadas de caminata desde las faldas del Everest, el estradense Carlos Somoza Fares y su compañera de trekking, la pontevedresa Chus Pazos Ordóñez, siguen a la espera de poder tomar una avioneta que los lleve a Katmandú.

-¿Cuándo podréis coger ese vuelo?

-Íbamos a volar este mañana [por ayer], pero finalmente no ha podido ser. Cuando estábamos listos para salir nos dijeron que no se podía aterrizar en el aeropuerto de Katmandú y que nos tendrían que llevar a otra ciudad y desde allí seguir por carretera pagando 55 dólares más. Pero, de repente se nubló, comenzó a llover y ya no pudo salir ningún vuelo más. Para mañana [por hoy] estamos en segunda posición de la lista de espera, pero la cosa pinta fatal porque hay quien lleva ya cinco días aquí esperando para poder volar.

-¿Cuántos españoles sois en esa situación?

-Que sepamos, cinco o seis. Hoy nos encontramos con Jordi Colominas [un reconocido alpinista español] que está tratando también de salir de Lukla, y donde estamos alojados hay otros tres montañeros de León y Burgos.

-¿Existe mucho descontrol para tomar las avionetas?

-Es una situación un poco absurda porque hay gente que ha comprado varios billetes diferentes y sospechamos que también hay quién paga para colarse en las listas de espera. Hay un gran descontrol.

-¿No hay otra forma de llegar a Katmandú que no sea por el aire?

-Estamos a menos de 200 kilómetros de allí, a media hora de vuelo, pero para llegar sin ser en avioneta hay que caminar dos días hasta una pista, intentar coger un jeep para ir a un pueblo y desde allí coger un autobús que sale cada tarde y que llega a Katmandú a la mañana siguiente.

-¿Como es la situación ahí?

-Se nota que la gente tiene otra filosofía y que la vida sigue. Ya están trabajando para levantar sus casas de nuevo y en las aldeas montan campamentos para poder dormir. Con nosotros se están portando muy bien y nos acogen encantados. El problema en Lukla es que la gente ha seguido llegando desde la montaña y si no se puede volar se puede complicar la situación.

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