El caos que reina en Nepal impide a los gallegos saber cuándo podrán regresar

La Xunta desconoce aún si hay alguno más entre los 118 españoles no localizados


Redacción / la voz

El caos continúa en Nepal. Ayer por la tarde el Ministerio de Asuntos Exteriores todavía no había informado a la Xunta si hay algún gallego entre los 118 españoles con los que no había podido contactar. Tampoco si los hay entre los 349 que ya han sido localizados, 121 de los cuales ya están en Katmandú. Aunque la mayoría de estas personas aguardan en un océano de desolación para regresar a casa, sin saber cuándo podrán viajar por la confusión informativa, hay algunos, como el empresario vigués Alberto Rojo, que no parecen querer volver tan pronto. «Me quedaré en Nepal para ayudar el tiempo que sea necesario, pero no he logrado contactar con ninguna oenegé», explicó ayer desde el pueblo en el que se encontraba, donde no hay electricidad y apenas señal de Internet. Su destino ahora es Pokhara, a unos 200 kilómetros de Katmandú. Allí esperaba llegar hoy con la idea de poder colaborar. Desde la embajada le han dicho que se quede en un punto y que trate de contactar con ellos. Es lo que hará cuando tenga cobertura.

El principal problema de Alberto Rojo es la falta de información. Lo mismo que les ocurre a los montañeros Carlos Somoza Fares y a Chus Pazos Ordóñez. Ayer por la tarde, tras nueve horas de caminata, el estradense y la pontevedresa habían logrado llegar ya a Lukla. Allí esperan tomar una avioneta con destino a la capital nepalí, aunque la situación sigue siendo confusa y las noticias contradictorias. Sobre todo porque el terremoto, además de las miles de vidas que ha arrasado, también ha herido de muerte las precarias vías de comunicación del país.

«Estamos en lista de espera para poder volar. Posiblemente sea mañana [por hoy], aunque nos da miedo llegar a Katmandú y quedar atrapados allí», contó el montañero desde la pequeña localidad que sirve de puerta de entrada para muchas de las expediciones del Everest y cuyo pequeño aeropuerto es famoso por estar precariamente enclavado entre las montañas. De hecho, en el aeropuerto de Katmandú hay 63 españoles aguardando para poder embarcar en alguno de los dos vuelos que fletará el Ministerio de Asuntos Exteriores. Su titular aseguró que no se irá de la India hasta que no hayan evacuado al último español. Otros cuarenta también esperan en varios hoteles. Un primer grupo de 37 españoles fue evacuado anoche a Nueva Deli en un vuelo de la compañía Spice Jet. Al mismo tiempo el Airbus 310 del Ejército español salía de la capital india rumbo a Katmandú para recoger a 77 españoles y un bebé.

Asuntos Exteriores comunicó a Chus Pazos que, dada la situación que se vive en Katmandú, es recomendable permanecer por el momento en Lukla. Sin embargo desde el servicio de Emergencias Consulares recomendaron a sus familias que es preferible que traten de llegar a la capital. Y la propia compañía aérea con la que habían contratado los billetes de regreso a España antes del terremoto asegura que, aunque con algunos retrasos, mantiene los vuelos programados a Nepal.

Como ellos, centenares de personas, aguardan desde Lukla por un asiento en la avioneta que los ha de sacar allí. Los que están en Katmandú con la esperanza de ser dos de los primeros 76 españoles que volverán en el Airbus 310 de la Fuerza Aérea Española son los vigueses Javier Picón y Estrella Lorenzo, como explicó el primero en TVG.

Los que continuarán viaje son Vanessa Pérez y Marcos Priegue. Ella, vecina de Sober, y él, de Santiago, estaban ayer en Pokhara, la segunda ciudad más visitada de Nepal, por su proximidad a la cordillera del Annapurna. No tienen intención de dejar Nepal antes del día 3, la fecha de regreso prevista. «Si el Gobierno quiere ayudar que manden comida y medios a Nepal», dice Vanessa. Ellos no han visto ninguna escena de destrucción en Chitwan, donde estaban el domingo cuando se produjo el terremoto, ni en Pokhara. Otra cosa será Katmandú. Por eso, puede que prolonguen la estancia en donde están.

Cien personas fueron acogidas por trabajadores de una empresa gallega

El desorden y el caos reinan en Katmandú, mientras los muertos comienzan a ser incinerados para evitar las epidemias. En medio de ese caos, la sede del grupo San José en la capital nepalí se ha convertido en un centro donde están ayudando a un centenar de personas, tal y como explicaron fuentes de la propia empresa.

Entre trabajadores y familiares de la compañía hay en Nepal quince personas. Todas están bien.

La presencia de la empresa gallega en Nepal no es casual. Porque es la encargada de ampliar y remodelar el ahora dañado aeropuerto internacional de Katmandú. La idea era que el aeródromo pudiera dar servicio las 24 horas del día porque hasta ahora solo puede hacerlo hasta las 12 a.m. La obra es fundamental para el desarrollo del turismo en Nepal, la principal fuente de ingresos de uno de los países más pobres del continente. De hecho, la mayor parte de los españoles que esperan su evacuación son turistas que estaban en el país.

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