Escocia pone una pica en Londres

Las encuestas sitúan a los nacionalistas escoceses como pieza clave para gobernar en Westminster salvo que Tories y laboristas lleguen a un pacto improbable


Redacción / La Voz

El rompecabezas de Westminster se complica. Y Escocia es una pieza fundamental. Allí se juegan 59 de los 650 escaños de Londres.

La encuestas realizadas en el Reino Unido otorgan a los nacionalistas escoceses (SNP) entre 40 y 53 diputados. Supone un salto gigantesco para una formación que ahora cuenta con 6 y que pasaría a tener la llave del Gobierno. En principio, el SNP contempla un escenario de pactos puntuales con el laborista Ed Miliband, pero sin entrar en el Ejecutivo. Por primera vez sería una especie de CiU o PNV a la británica. Salvo que conservadores y laboristas lleguen a unirse en una improbable gran coalición, Escocia pondrá una pica en Londres.

La tendencia mostrada en el referendo por la independencia no fue flor de un día. El SNP perdió aquella votación (55,3 % por la unión frente al 44,7 % por la soberanía), pero por un margen más estrecho de lo esperado y con la promesa de nuevas competencias. El buen resultado ha sido un impulso que le ha permitido conquistar el antiguo bastión de los laboristas e incrementar el rechazo hacia los conservadores, con perpesctivas de mantener un único diputado escocés. En el sondeo elaborado por YouGov para The Times, los nacionalistas alcanzarían el 49 % de los votos, mientras que la formación de liderada por Ed Miliband se quedaría en el 25 %, el porcentaje más bajo de toda la serie de encuestas realizadas por esta plataforma. Si se confirmaran estos datos, sería el peor resultado obtenido por los laboristas en Escocia desde 1918. Una hecatombe.

En una etapa de apatía política generalizada, el SNP moviliza a los escoceses, especialmente a los jóvenes. Ha incrementado su número de afiliados. Uno de cada cien escoceses tiene carné del partido. Y no se trata solo de una cuestión identitaria. Estudios publicados por la Universidad de Edimburgo dibujan una bisectriz que separa diferentes inquietudes sociales. Los nacionalistas se han convertido en los catalizadores de votos que en otros lugares cosecha la ultraderecha (UKIP en la propia Inglaterra), la izquierda radical y nuevos partidos surgidos de las cenizas que ha dejado la crisis económicas.

En estas elecciones emergen de nuevo temas que fueron fundamentales en la campaña del referendo escocés. Según una encuesta de Ipsos MORI, las principales preocupaciones de los votantes británicos son la inmigración, la sanidad y la economía, por ese orden. Pero la posición con respecto a los flujos migratorios se suaviza en el norte y se endurece en Inglaterra, feudo tradicional del voto conservador.

Con las políticas aplicadas en su Gobierno autonómico, el SNP defiende su papel como contrapeso a los recortes impuestos por Londres. El mensaje ha calado. Así ha conseguido enarbolar la bandera de la sanidad pública en detrimento de los laboristas. Entre las prioridades de su programa figura el recorte de las listas de espera. Incluso ha recibido un empujón de profesionales del sector sanitario. Una carta remitida al periódico The Guardian por más de ciento cuarenta doctores con cargos relevantes criticaba el estado de la sanidad pública en el Reino Unido y en el último párrafo recordaba «el deber del Estado de proporcionar un servicio de salud en Inglaterra debe ser restaurado, todavía existe en Escocia y en Gales».

El debate sobre la Unión Europea es otra línea que separa las aguas británicas. David Cameron promete un referendo, mientras que los escoceses amenazan con marcharse del Reino Unido si la separación de la UE se consuma. Los laboristas desempolvaron a Tony Blair para defender posiciones europeístas. El problema es que en la contienda por la independencia los partidarios del sí colocaban la foto de Blair junto a las de Margaret Thatcher y John Major. Las cicatrices del thatcherismo y del nuevo laborismo siguen abiertas en Escocia.

Nicola Sturgeon, sucesora de Alex Salmond, es la líder mejor valorada

A Alex Salmond, el líder del SNP que condujo a Escocia al referendo por la independencia, le gustaba vivir en campaña. A su sucesora, Nicola Sturgeon, tampoco se le da mal. Después del debate televisivo a siete, una de las preguntas más repetidas en Google y en las redes sociales en el Reino Unido fue: «¿Puedo votar por el SNP aunque sea inglés y no viva en Escocia?». Hay sondeos de política ficción que le otorgan al SNP un 9 % de los votos si se presentara en el resto del Reino Unido.

Las encuestas sobre el debate a siete dieron el triunfo a Sturgeon, la líder más valorada, que ofreció a Ed Miliband ayuda para llegar a ser primer ministro. «No quiero que vuelva al poder David Cameron», aseguró ella. Los nacionalistas escoceses intenta contrarrestar a toda costa la máxima laborista que dice: «Vota al SNP y tendrás a los Tories». Sturgeon flirtea con Miliband para despejar nubarrones. The Daily Telegraph publicó un informe supuestamente elaborado por un funcionario del Gobierno británico en el que la primera ministra escocesa le decía en Edimburgo a la embajadora francesa, Sylvie Bermann, que «Miliband no tiene madera de líder». El SNP interpreta lo sucedido como una maniobra interesada y el Ejecutivo de Londres abrió una investigación.

Sturgeon defiende un pacto con los laboristas y las causas sociales del programa de su partido, pero no se olvida del soberanismo. Insiste en que no renuncia a un nuevo referendo, a pesar de que el propio Salmond defendió que había que dejar pasar una generación para realizar una nueva consulta por el enorme desgaste político y social que conlleva. Boris Johnson, alcalde conservador de Londres, aprovecha la situación para decir que «Sturgeon se desayunará primero a Miliband y luego romperá el Reino Unido».

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