La negociación entre Grecia y la Eurozona vuelve a encallar

Tsipras afirma que no dará un paso atrás en las propuestas que envió a Bruselas y la troika replica que el tiempo se le agota


Bruselas / Corresponsal

«Un final feliz» es lo que desea el primer ministro griego, Alexis Tsipras, para el viacrucis en el que se han convertido las negociaciones con la antigua troika para abrir el grifo de la financiación europea. Pero el paquete de reformas griego que le demandan los acreedores sigue siendo el objeto de discordia.

El respaldo ciudadano a su Gobierno ha caído del 83% en febrero al 60% este mes, ya no le quedan aliados en el Eurogrupo, las instituciones con las que negocia siguen apretando la soga al cuello y un amplio sector de su partido [entre 30 y 40 diputados] le han dado la espalda por no ceñirse a las promesas electorales que lo auparon al poder en enero. Ese fue el cuadro que ayer pintó el ex primer ministro, Antonis Samaras, en el Parlamento griego. A pesar de llamarle «merkelista», el conservador se mostró dispuesto a apoyar un eventual acuerdo con los socios del euro no sin antes poner en duda la lealtad interna de Syriza.

A pesar del chaparrón, Tsipras no da la batalla por perdida y aseguró ante la cámara, a la que apenas dio detalles sobre el acuerdo en curso, que no se rendirá y que seguirá adelante con su propuesta: «La mayoría apoya la posición del Gobierno en las negociaciones y nos pide que no demos ni un solo paso atrás».

Eso es precisamente lo que demanda Bruselas, desde donde varias voces apuntan que sus planteamientos son «poco creíbles». Todavía queda mucho trabajo para dar luz verde a la propuesta que recibieron el viernes: «Hay negociaciones constructivas en marcha pero todavía no hemos alcanzado la meta», reconoció el portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, antes de indicar que será necesario más trabajo técnico del grupo de funcionarios que se encuentran en Atenas recabando información en el terreno antes de que se convoque un Eurogrupo extraordinario. «Medidas más duras», es lo que exige la antigua troika, según indica la prensa griega.

La lista no convence ni en Bruselas ni en Berlín. La canciller alemana, Angela Merkel, aburrida de las promesas griegas, recordó ayer a Tsipras que tiene margen de maniobra para decidir qué reformas reemplaza, siempre que cumpla con los objetivos. «La pregunta es si Grecia puede o podrá satisfacer las expectativas que hemos depositado en ella. Más vale que las medidas estén a la altura», advirtió. «El pago está ligado a su implementación», puntualizó el portavoz del ministerio de Finanzas alemán, Martin Jäger.

Grecia quiere ahorrar unos 3.500 millones por la vía de los ingresos. Apuesta férrea por la lucha contra la evasión fiscal, la economía sumergida, el contrabando de tabaco y combustible además de la imposición de tasas a la publicidad. Entre las medidas se excluye el recorte de salarios o pensiones pero se admite la posibilidad de emprender nuevas privatizaciones bajo control público.

El tiempo corre en contra de Tsipras. Necesita el apoyo de su Parlamento, el visto bueno de los acreedores y finalmente el del Eurogrupo para poder desatascar el último tramo de su rescate [7.200 millones de euros]. La fuga de capitales y las duras restricciones del BCE han puesto a Grecia al borde de una quiebra. «Queremos llegar a un compromiso con nuestros socios pero no de forma incondicional», volvió a manifestar ayer el líder griego. Se debate entre lo que desea y lo que debe hacer para que Grecia no camine sola hacia la puerta de salida del euro.

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