«Es necesario entender por qué tantos jóvenes europeos se hacen yihadistas»

Juan Ferreiro Galguera, Catedrático de la UDC y ponente en el foro social mundial, considera que la guerra en Libia es el verdadero peligro para Occidente


Redacción / la voz

Galicia estuvo representada en el Foro Social Mundial de Túnez, que finalizó ayer, por Juan Ferreiro Galguera, catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidade da Coruña. Ferreiro fue además subdirector general de Asuntos Religiosos en el Gobierno de Zapatero. En el Foro presentó una ponencia sobre los límites de la libertad de expresión, pero su visita al país magrebí responde también a un encargo del Ministerio de Economía: un informe sobre la Primavera Árabe y los procesos democráticos en Túnez, Libia y Egipto. El martes, «capeando el diluvio», se manifestó junto a miles de tunecinos contra el atentado del Bardo.

-¿Qué ambiente se respiraba en la manifestación del martes?

-El pueblo tunecino rechaza de plano el terrorismo. Conmigo iba un abogado que avisó a la policía de que había una chica con burka. Se considera peligroso porque nunca sabes quién puede ir dentro, si llevará armas... De hecho, se sospecha que los terroristas del Bardo tuvieron colaboración de otros ocultos precisamente tras sus niqab. A mi lado caminaba también Habib Kazdaghli, decano de Humanidades en la Universidad de La Manouba, que va siempre con escolta por ese tema.

-¿Por el burka?

-Sí. En el 2011, radicales islamistas le exigieron que permitiese el niqab y las mezquitas en esa universidad. Se negó, lo denunciaron... Desde entonces anda con escolta. Por cierto, que la hermana de Yaber Jachnaui, uno de los terroristas del Bardo, estudia allí, y Kazdaghli me comentó que el cadáver del yihadista no lo quisieron ni su padre ni su abuelo. Ese rechazo familiar es también el del pueblo tunecino.

-¿Teme una regresión de las libertades en Túnez a raíz de los atentados?

-Creo que no. Eso depende de que la ola terrorista se propague y de que el Gobierno recorte las libertades en aras de la seguridad. Pero no parece que vaya a darse ninguna de las dos premisas. La repulsa al terrorismo es masiva en un país en que la democracia avanza poco a poco. El gran problema aquí es la crisis, el paro.

-Bueno, el atentado tampoco ayuda en el plano económico.

-Desde luego. Pero Túnez es una democracia en la que el relevo de partidos, incluso el islámico, se ha dado sin contratiempos. El radicalismo no engancha a la población a pesar de que pueda haber tres mil jóvenes en el Estado Islámico. El verdadero problema para Occidente es Libia, donde fueron entrenados, por cierto, los yihadistas del Bardo. En Libia hablamos de dos gobiernos, dos parlamentos, 300 milicias... Un auténtico caldo de cultivo para el terrorismo. Y en la frontera con Egipto está Derna, un pequeño califato que es un EI en miniatura.

-¿Cómo interpreta usted el fenómeno del Estado Islámico?

-Pues es sorprendente que un grupo terrorista haya sido capaz de hacerse con un territorio, el autodenominado califato. Ni ETA lo tenía. Pero el gran misterio por resolver es por qué tantos jóvenes europeos libres se hacen yihadistas y vuelan a Turquía para cruzar a Siria y alistarse. Es necesario entender por qué. Hablamos de un millar de ingleses, franceses... Creo que españoles hay setenta. ¿Qué tienen en la cabeza? Debemos saber cuanto antes cómo funciona el corazón de estos jóvenes y por qué, más allá del dinero que les pagan, aceptan un proyecto que les presentan como grandioso y global pero que nada tiene que ver con el islam.

-¿Qué opina de la intervención de Arabia Saudí en Yemen?

-Poco importa lo que opinen los pueblos. Las guerras las plantean los dirigentes hambrientos de poder. Riad invade el país vecino alegando defender el interés del Gobierno de Mansur Hadi (suní), y Teherán, aunque con la discreción que guarda el que está a punto de firmar un acuerdo nuclear con los americanos, mantiene su apoyo a los rebeldes hutíes (chiíes). Y mientras, los terroristas de Al Qaida se excitan al olor de la sangre, esperando el momento de conducir el aquelarre de muerte al paroxismo.

«Solo en Túnez ha arraigado realmente la Primavera Árabe»

La Primavera Árabe necesita más tiempo en varios países, pues solo ha calado verdaderamente en Túnez, sostiene Ferreiro Galguera.

-¿Qué conclusiones extrae usted de la Primavera Árabe?

-Solo ha arraigado en Túnez. Salvo allí, los resultados de esa revolución son negativos. En Libia y Egipto, tal vez sea cuestión de tiempo.

-¿Por qué la mecha no ha prendido en Egipto?

-Empezó bien, pero allí se ha traicionado la democracia. Los militares se pusieron nerviosos y dieron un golpe de Estado en toda regla hace dos años, durante un verano sangriento en el que mataron a muchos integrantes de Hermanos Musulmanes. El partido que había ganado legítimamente las elecciones se quedó fuera del poder y eso se consintió desde fuera, en parte por un error muy extendido en Europa: pensar que partido islámico y terrorismo son sinónimos. Cuando el islamismo político acata el juego democrático y resulta elegido, dejemos que se desarrolle tranquilamente, aunque haya que permanecer vigilantes. Pero no se hizo así, y eso me recuerda a los recelos que había en España en los setenta tras la legalización del Partido Comunista. Muchos auguraban entonces un regreso a la dictadura del proletariado, como si el PC no fuese a aceptar el juego democrático.

-¿Y en el caso de Libia?

-Eso es terrible. Está peor incluso que con Gadafi. A su muerte se crearon los diversos bandos que se reparten ahora el país. Lo único que puedo es desearle la mejor suerte de todas a Bernardino León, que es el representante de Naciones Unidas para Libia y que fue mi compañero en la Escuela Diplomática. Ojalá pueda conseguir algo, pero lo va a tener complicado.

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