Un empate esperanzador y peligroso


En el colegio electoral, los sistemas de identificación dispuestos para los comicios no reconocían al actual presidente Goodluck Jonathan. No había manera de certificar su identidad. Tampoco la de su mujer, cuyo nombre, en este caso muy oportuno, es Pacience, Paciencia. ¿Será una profecía? Al final, se hizo un apaño para que pudiesen votar. Esperemos que la profecía no sea esa, el apaño.

Fue uno de tantos fallos e incidentes. Nigeria es la mayor democracia de África pero no precisamente la más perfecta. Desde que en 1999 se acabó el largo ciclo de golpes de Estado, solo ha gobernado un partido, el de Jonathan. Ahí reside el interés de estas elecciones: se trata de la primera vez que los sondeos pronostican al menos un empate técnico. Es una pena que el candidato alternativo sea el general Muhamadu Buhari, un antiguo militar golpista. Aunque también es cierto que Buhari ha dado muestras de arrepentimiento presentándose desde entonces a las elecciones y aceptando estoicamente una derrotas envueltas en sospechas de fraude.

¿Puede ser Buhari, con su formación militar, más resolutivo en la lucha contra la milicia islamista Boko Haram, como piensan sus seguidores? Es muy posible que sí, porque en este asunto el actual presidente se ha revelado de una incompetencia casi incomprensible. Una ofensiva en curso, programada como un acto electoral más por parte de Jonathan, es la primera iniciativa seria contra Boko Haram en seis años. Pero, desgraciadamente, Nigeria es un país con tendencia a la disgregación y tanto la victoria de Jonathan como la de Buhari entrañan riesgos. Si Jonathan volviese a ganar, las regiones del norte, de mayoría musulmana, podrían verlo como un intento del sur cristiano de monopolizar el poder. Esto daría más impulso a Boko Haram, que en buena medida se nutre de la frustración causada por los desequilibrios regionales.

Pero si Buhari gana, sería la rica región petrolera del Delta la que podría sentir que peligra su red de intereses. La violencia postelectoral es una posibilidad muy real. «Buena suerte». Eso es lo que significa en inglés el nombre del presidente, pero es sobre todo el país el que la va a necesitar.

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