Sant Cugat, demasiadas víctimas para una población tan pequeña

La poblacion de 87.000 habitantes cercana a Barcelona cumple hoy su tercer día de luto oficial. La tragedia del vuelo de Germanwings golpeó con una singular virulencia

Las banderas del ayuntamiento de Sant Cugat lucían ayer a media asta.
Las banderas del ayuntamiento de Sant Cugat lucían ayer a media asta.

BARCELONA / ENVIADO ESPECIAL

Sant Cugat del Vallés, una población de 87.000 habitantes cercana a Barcelona, cumple hoy su tercer día de luto oficial. Es un luto especial, algo distinto al del resto del país, porque la tragedia del vuelo de Germanwings, golpeó aquí con singular virulencia. En Sant Cugat trabajaban los dos empleados de Delphi que fallecieron en los Alpes; aquí había vivido muchos años una trabajadora de la firma Desigual incluida entre los desaparecidos y en esa trágica lista figuraba también un socio del Junior Fútbol Club, uno de los clubes más antiguos de la villa. Y, sobre todo, en Sant Cugat vivían dos de las tres mujeres miembros de la misma familia que constituyen una de las historias más trágicas de todas los que forman parte de esta catástrofe.

Emma, era una niña de once años que estudiaba el último curso de primaria en el colegio Santa Isabel, el más antiguo de Sant Cugat. Viajaba junto a su madre y su abuela para buscar a su hermano. «Esta es una comunidad pequeña y aquí estamos todos muy afectados» manifestaba ayer la directora del centro escolar, Reina Montoro. Desde que fueron conocedores del accidente, el colegio ha capeado la noticia como ha podido. De hecho, la Generalitat tuvo que desplazar unos psicólogos especialistas en duelo infantil. Ayer, los compañeros de Emma efectuaron un pequeño homenaje en el patio de este colegio religioso y concertado. «Cuando podamos concretar con la familia organizaremos algún otro acto», dijo la directora. El jefe de gabinete del Ayuntamiento, Ramón Luque, también opinaba que dentro de poco, cuando los datos sean más precisos, probablemente se concretará algún acto de homenaje a las víctimas que, según dijo, afectaron al pueblo «en una proporción macabra».

Pocos comentarios

No todo el mundo en la villa era ayer consciente de cómo la desgracia del vuelo operado por la compañía alemana había afectado a sus vecinos, pero en el entorno del colegio sí. En el parque infantil donde algunos niños aprovechaban el sol de primavera a la hora de la merienda, todo el mundo sabía lo ocurrido. Y la mayoría prefería no hacer comentarios. «Mi hija aún es muy pequeña», comentaba una joven madre junto a los columpios; «Demasiado pequeña para darse cuenta de las cosas, pero para la mayoría ha sido un palo muy gordo». «Imagínese -comentaba otra-, el primer día, muchos salían llorando».

La niña fallecida era nieta del lucense Juan Pardo Yáñez. Su hija, que también se llamaba Emma, era sobradamente conocida en la comunidad educativa del colegio Santa Isabel donde, a decir de algunas madres, era «muy activa, muy participativa». Las conclusiones que ayer por la mañana ofrecieron la asombrosa revelación de que el accidente fue una acción deliberada del copiloto, reavivaron las conversaciones sobre la tragedia: «En los corrillos no se habla de otra cosa», comentaba una de las madres. Sin embargo, en lo relativo a los fallecidos, vecinos, amigos, clientes, la mayoría prefería guardar silencio.

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