seyne les alpes / enviada especial

Olivier Cousin tiene los ojos arrasados. Lo que ha visto en el macizo de Tres Obispos no es fácil de digerir. Es el jefe de las fuerzas de rescate de montaña que trabajan en la recuperación de cuerpos o restos con los que identificar a los pasajeros. «Primero pensamos en trabajar por turnos, pero hemos decidido aprovechar el tiempo y trabajar todo seguido hasta que caiga el sol», explica. Aún es por la mañana. Los helicópteros han subido a la ladera a unas 70 personas. Son investigadores de la policía expertos en identificación y también hay escaladores. Todos coordinados por el fiscal que lleva el caso.

El miércoles, algunos de ellos habían señalizado ya el lugar contra el que chocó el avión dividiéndolo por cuadrantes. Recogen restos de cadáveres. Allí arriba, en la ladera, realizan la primera analítica de ADN para identificar a los pasajeros. A los familiares de las víctimas españolas que llegaban a El Prat, en Barcelona, tras conocer la noticia del accidente, ya se les tomaron muestras con las que comparar. Los puntos de los que los especialistas levantan esos restos quedan señalizados con una pequeña banderita.

Hace buen día. Las condiciones son perfectas para analizar a qué ritmo podrán trabajar sobre el terreno. A partir de ahí pueden ya comenzar a hacer cálculos más acertados. «Hoy estamos haciendo pruebas para comprobar cuántos efectivos podemos subir a la vez a la ladera», comenta Cousin al tiempo que explica las dificultades que conlleva trabajar en un terreno como ese.

«No es nada fácil trabajar ahí porque, aunque no hay nieve en la zona, el suelo está resbaladizo y hay que ir con crampones. Pero además no es un lugar para los que no saben cómo es la montaña. Por eso, cada experto en identificación va sujeto con una cuerda a un escalador», explica el jefe del equipo de rescatadores.

Un problema añadido es, precisamente, que la mayor parte de los que están sobre el terreno no tienen experiencia en alta montaña. Ese hándicap hace que también ellos sean objeto de ayuda. Cuando no pueden más, los relevan para que puedan descansar un poco. Y también reciben ayuda psicológica.

«Tal vez tardemos dos meses»

Uno de los forenses encargados de analizar las muestras describe esas mismas dificultades de las que habla el jefe de rescatadores. Lo hace en un pequeño descanso que aprovecha para bajar al pueblo: «Estuvimos en el accidente de Mali y allí el terreno era plano. No era complicado recoger las muestras. Esto es escarpado e inclinado. Eso lo complica mucho. Tal vez tardemos unos dos meses en terminar. Pero no lo sé, realmente no lo sé», explica moviendo la cabeza con gesto cansado.

Allí arriba, en la ladera, los restos del avión son todavía un peligro. «Los helicópteros no aterrizan y la gente baja con una cuerda. El problema es que hay trozos de chapa tan pequeños que el viento que provocan los rotores de los helicópteros hace que se levanten convirtiéndolos en metralla capaz de dañar a cualquiera de los que están trabajando», explica.

Pero el tiempo los acompaña. Después de esa primera analítica en la cumbre, una cadena de helicópteros baja los restos que van hallando en lo alto. Unos despegan. Otros aterrizan. Es un baile coreografiado que se observa desde el pueblo. Aunque en un principio trascendió que esas pruebas acabarían en el polideportivo municipal de Seyne-les-Alpes, habilitado como capilla ardiente, estas podrían ser llevadas también a algún otro lugar que no se ha sido revelado con el objeto de que se puedan continuar realizando nuevas pruebas.

La labor de identificación avanza a medida que van transcurriendo las horas. Los primeros cuerpos comienzan a ser recuperados e identificados. Aunque, como había comentado el primer ministro francés, Manuel Valls, esa es la gran prioridad de los encargados del operativo, todavía queda mucho trabajo por delante para poder acabar esa primera fase, la de peinar todos los cuadrantes en los que han dividido la ladera del impacto.

Aquellos que no forman parte del operativo de búsqueda no tienen acceso directo al lugar de la colisión. Los investigadores pidieron que el área se protegiera y desde el primer día hay gendarmes desplegados para mantener bajo su custodia los restos y procurar que nada pueda alterarlos.

El Ejército sube a pie

Una de las prioridades es hallar la segunda caja negra del Airbus 320. Aunque el contenido de la grabación de la primera fue clave para descartar la hipótesis de un fallo mecánico o un error no intencionado, la segunda caja puede aportar nuevas certezas para ir completando el rompecabezas de lo ocurrido el pasado martes en el avión de Germanwings. Para encontrarla, un equipo de veinte efectivos del Ejército partió andando ayer por la mañana en dirección a la ladera. «Marcharon esta mañana y su labor es ayudar a buscar esa segunda caja negra», remarcó el jefe del equipo de rescate. Con la caída del sol, los equipos paran. Hoy será otro día.

tragedia en los alpes

tragedia en los alpes

«Hay trozos tan pequeños que el viento que levantan los helicópteros los convierte en metralla»

Olivier Cousin

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La montaña es un laboratorio de ADN gigante