Lufthansa conocía episodios depresivos del copiloto del avión estrellado en los Alpes

Andreas Lubitz estuvo seis meses bajo tratamiento psiquiátrico antes de completar su formación como piloto. El «grave episodio depresivo»  quedó constatado en el acta sobre el copiloto del departamento de tráfico aéreo alemán bajo el código «SIC», que se refiere a la necesidad de que el afectado se someta a «revisiones médicas regulares»


Efe

Andreas Lubitz, el copiloto del Airbus A320 que se estrelló el pasado martes en los Alpes franceses y en el que perdieron la vida 150 personas, estuvo seis meses bajo tratamiento psiquiátrico antes de completar su formación, según afirma este viernes el diario alemán Bild. De acuerdo con ese medio, que se remite a «círculos de Lufthansa», las razones por las que Andreas Lubitz, de 27 años, interrumpiera su formación, en el 2009, se debieron a una grave depresión según se le diagnosticó entonces.

El «grave episodio depresivo», como se le define en ese rotativo, quedó constatado en el acta sobre el copiloto del departamento de tráfico aéreo alemán bajo el código «SIC», que se refiere a la necesidad de que el afectado se someta a «revisiones médicas regulares». Según informa The Times, la compañía aérea alemana Lufthansa conocía este detalle, ya que durante su formación en la escuela de vuelo, Lubitz fue suspendido durante unos meses debido a este problema de salud mental.

Sin embargo, Lufthansa no estaba al corriente de todo. Según revelaba la fiscalía de Düsseldorf, el copiloto había recibido una baja médica por enfermedad, vigente para el día de la catástrofe, que había roto y ocultado a la empresa. El hecho de que entre los documentos encontrados hubiera «bajas médicas rotas, actuales e incluso vigentes para el día de los hechos» indica que el afectado «ocultó a su empleador y a su entorno profesional» su enfermedad.

Lubitz tenía un historial de depresión por una «crisis existencial», dice The Times. Y el Daily Mail publica que el copiloto estaba aún bajo control de su salud mental por los problemas del pasado. El tabloide se hace eco también de una información del diario Bild, que publica que Lubitz había sufrido semanas antes una crisis en la relación con su novia. 

Ayer jueves, Carsten Spohr, el presidente ejecutivo de Lufthansa, confirmó que hace seis años, el por entonces todavía aspirante a piloto, había sido apartado del proceso de formación durante medio año, pero sin confirmar las razones. Sin embargo, Spohr defendió que a posteriori Lubitz había aprobado la formación sin ningún problema, que era «apto al cien por cien» y mostró su plena confianza en los programas de selección de personal con los que trabaja su compañía, aunque no descartó algún cambio.

Lubitz tenía 27 años y era originario de Montabaur (un pueblo de unos 13.000 habitantes entre Düsseldorf y Frankfurt), en la región de Renania Palatinado. El copiloto acumulaba tan solo 630 horas de vuelo. «Vivía con sus padres en Montabaur y también tenía una vivienda en Düsseldorf», aseguraba a la agencia DPA Gabriele Wielands, la alcaldesa del pueblo. La madre de una amiga de Lubitz aseguró al diario Franfurter Allgemeine que además de depresión, este también había padecido el síndrome de burnout. 

La investigación de la catástrofe aérea dio ayer un giro desde que el fiscal de Marsella, encargado del caso, interpretó la actuación del copiloto, que se negó a abrir la puerta de la cabina al comandante una vez que este había salido, indica que tenía la «intención de destruir el avión». Según los primeros datos aportados por la caja negra del Airbus A230, el copiloto esta vivo hasta el momento de la colisión y, según las primeras pesquisas de los expertos, su respiración, que se escuchó hasta el final de la grabación, era tranquila.

Para los conocidos de Lubitz, la posibilidad planteada por la Fiscalía francesa «fue como un golpe en la cara». Todos le describían como una persona alegre, educada y amable, «un tipo completamente normal», en palabras recogidas por Europa Press de Klaus Radke, director del club local del vuelo en el que el copiloto obtuvo su primera licencia, a donde Lubitz regresó el pasado otoño para un curso de actualización. «Andreas era un joven muy agradable que recibió su formación aquí y que era miembro del club», explica Ruecker. «Nos los pasamos muy bien, aunque a veces quizá era un tanto silencioso. Era un chico como otro cualquiera aquí», añade.

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