Düsseldorf, la ciudad que encumbró a la emigración a Europa

En la capital renana se forjaron las dos mayores fortunas de la diáspora gallega


Santiago / la voz

En la ciudad de Düsseldorf, a la que se dirigía el avión que se estrelló en los Alpes, nunca llegó a abrir sus puertas un centro gallego. Parece chocante en un país que alberga una decena de entidades de este tipo, repartidas por ciudades grandes, como Colonia o Hamburgo, y otras más pequeñas, como Gütersloh, donde la producción de lavadoras Míele le dio la oportunidad de prosperar a cientos de gallegos. Pero aun así, nada impidió que en la capital del estado federal de Renania del Norte-Westfalia echara raíces la colonia galaica que logró forjar las mayores fortunas de la emigración gallega a Europa, asociadas a la hostelería y al negocio inmobiliario.

Y el resultado es que la Schneiderwibbel, una calle peatonal del Altstadt, el barrio histórico de Düsseldorf, es una mezcla entre la compostelana rúa del Franco y el barrio del Arenal de Mallorca. Una fábrica de hacer dinero con la paella, los calamares a la plancha y los litros y litros de cerveza. Fue en 1980 cuando esa calleja abrió una casa de comidas Primo López, que dejó su aldea natal de Abavides (Trasmiras) a finales de los sesenta con solo catorce años.

Le fue tan bien al restaurante Amigo Primo López que enfrente abrió el Picasso, y al lado de este el Da Primo, y después Las Tapas, y unos pasos más allá El Gitano. Y doblando la esquina fundó el Santiago, ahora alquilado a unos portugueses, el Flamenco, el Café Madrid... Así hasta 24 restaurantes, un hotel, una discoteca y varios negocios inmobiliarios. Primo López copó dos calles enteras haciéndose la competencia a él mismo. En el verano del 2008 compartió generosamente su éxito invitado a sangría a toda la calle para celebrar que España acababa de ganar la Eurocopa. Los tragos ayudaron a los alemanes a olvidar pronto que fueron los derrotados.

Primo López y el empresario hostelero Enrique Pérez, natural de Vilardevós, forjaron las dos mayores fortunas de la emigración gallega a Europa, que a diferencia de la que triunfó en México, no se mueve en helicópteros privados, sino que se muestra mucho más modesta.

Esa fue la generación de emigrantes de los años sesenta y setenta, la de gente sin títulos, como el cocinero Bernardo Carrasco, también de Abavides, pero con ganas de comerse el mundo. Ahora sigue llegando gallegos a la capital renana donde tenía que haber aterrizado el avión. Pero son jóvenes muy formados, en el campo del turismo, del márketing y del entretenimiento. Políglotas. La generación del Erasmus a la que su país le negó la oportunidad que le dio Alemania.

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