Las concesiones de Tsipras a la UE abren las primeras grietas en Syriza

Ministros de su Gobierno e iconos de la izquierda helena cargan contra el acuerdo


Bruselas / Corresponsal

Ha llegado el momento decisivo para Grecia. El plan de reformas estructurales diseñado por el Gobierno de Alexis Tsipras deberá pasar hoy la criba del Eurogrupo, que examinará con lupa cada una de las propuestas helenas encaminadas a mejorar la eficiencia de las Administraciones públicas, la lucha contra la evasión fiscal y la corrupción.

Se trata de un paso imprescindible para que Grecia pueda terminar con éxito su actual programa de rescate y acceda al último tramo de financiación que necesita para respirar tranquila hasta junio. A pesar de que los momentos de mayor tensión se produjeron la semana pasada durante las duras negociaciones en Bruselas, no se puede descartar que el acuerdo descarrile hoy. Los riesgos están ahí. Basta con que un país miembro considere que las medidas no son lo suficientemente ambiciosas para forzar un bloqueo que obligaría a convocar una nueva cumbre de jefes de Estado para buscar una solución política. Candidatos no faltan. Alemania, España, Finlandia, Portugal y Holanda son especialmente reacios a tender la mano al Ejecutivo griego y ya dejaron claro el viernes que serán muy rigurosos a la hora de evaluar la letra pequeña del plan.

Tampoco sería descabellado que el propio Tsipras decidiese a última hora rechazar el acuerdo si el Eurogrupo obliga a Grecia a asumir reformas que sobrepasen sus líneas rojas (recorte de las pensiones, subida del IVA y flexibilidad laboral), teniendo en cuenta las considerables concesiones que ha tenido que digerir en los últimos días. En ese caso, Grecia volvería al punto de partida. Sin acuerdo y con ingentes problemas de liquidez, sería cuestión de días que se declarase en bancarrota.

La situación sería tan espinosa que todos quieren esquivar nuevos enfrentamientos políticos. Si el Eurogrupo y los acreedores dan el visto bueno al plan, Atenas verá reabierto el grifo de la financiación y Tsipras tendrá tiempo para preparar las negociaciones desde cero sobre el tercer programa de rescate, el verdadero desafío que tiene por delante. No será nada fácil para el líder de la izquierda radical griega, a quien le empieza a pasar factura el incumplimiento de algunas de sus promesas electorales.

Dentro de su partido empiezan a asomar las primeras fisuras. Voces que discrepan. Una de las más autorizadas es la del emblemático eurodiputado Manolis Glezos. Un símbolo moral para los griegos por su resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando arrancó la bandera nazi del Partenón. A sus 92 años pide perdón al electorado por hacerles «partícipes de la ilusión» de tener un Gobierno de izquierdas. Glezos criticó que el primer ministro no haya cumplido con su promesa de abolir la troika y el rescate: «El cambio de troika a instituciones, el de memorando por acuerdo y el de prestamistas por socios, no cambia la realidad anterior», aseguró.

Entre los críticos se encuentra también el ministro Lafazanis, cara del ala más izquierdista de Syriza, para quien «la troika y los rescates son ya pasado y no hay que reconstruirlos». En el partido ya hay quien pide a Tsipras que se aparte tras perder su pulso con Europa, un malestar que demostraron al tumbar al primer candidato que propuso para ocupar la presidencia del país.

Evitar el contagio en el sur de Europa

«Gobernar es una cita con la realidad». Con esta frase, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, trató de desacreditar el viernes al Gobierno griego. No fue solo una forma de manifestar su animadversión hacia su colega heleno, Yanis Varufakis, sino de poner sobre aviso a quienes tienen puestas sus esperanzas en las promesas de partidos hermanos, como Podemos. El ascenso de movimientos de extrema izquierda en el sur de Europa preocupa a Berlín. Su proyecto para la zona euro cada vez se cuestiona más. Esa es la razón por la que Alemania se mostró intratable en las negociaciones y por la que ha puesto en cuarentena a la extrema izquierda que gobierna Grecia. Quiere evitar el contagio.

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