Juncker acusa a la troika de pecar contra la dignidad de Grecia, Irlanda y Portugal

El BCE presta otros 3.300 millones para garantizar la liquidez de los bancos helenos


bruselas / corresponsal

«Hemos pecado contra la dignidad de los pueblos, especialmente en Grecia, Portugal e Irlanda». Fue el inesperado mea culpa que entonó ayer el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, por los garrafales y persistentes errores que cometieron el Ejecutivo de Bruselas, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional después de intervenir las economías de esos tres países: «Yo era presidente del Eurogrupo y parezco estúpido al decir esto, pero hay que sacar lecciones de la historia y no repetir los mismos errores», confesó.

Sus palabras sonaron como un espaldarazo de última hora a las persistentes llamadas del Gobierno heleno a disolver el triunvirato que ha puesto a Grecia contra las cuerdas y que Alemania se niega a borrar del mapa: «La troika es poco democrática, le falta legitimidad y deberemos revisarla cuando llegue el momento», admitió el luxemburgués antes de verter duras críticas contra la estrategia seguida por el anterior presidente de la Comisión, el conservador Durao Barroso: «No se coloca a un alto funcionario ante un primer ministro, no es su nivel».

Nunca el líder de una de las cabezas visibles de la troika había reconocido de forma tan explícita su fracaso. Lo hace en el momento más crítico de las negociaciones entre Grecia y sus socios europeos a causa de la extensión del rescate. Juncker, mediador entre Atenas y el Eurogrupo, trató ayer de acercar posturas proponiendo una prórroga-puente hasta el verano. A cambio pide al primer ministro griego que cumpla con los compromisos adquiridos y concluya el programa anterior que desde Atenas siguen dando por «muerto».

La pelota alterna estos días de tejado en tejado. Hoy es el turno de los griegos que  lanzarán una propuesta de acuerdo después de rechazar el ultimátum que el Eurogrupo les puso encima de la mesa el lunes pasado. Tsipras se resiste a ceder ante sus socios, especialmente los alemanes, a un día de que expire la fecha dada. Su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, desveló ayer el conjunto de demandas y compromisos que Grecia está dispuesta a alcanzar para seguir recibiendo la ayuda financiera que necesita mientras negocia un tercer rescate. A la luz de los documentos públicos, Atenas sigue insistiendo en que no concluirá el actual programa de rescate con las condiciones pactadas por los anteriores Gobiernos conservadores y socialistas, un requisito que el Eurogrupo considera indispensable para seguir negociando. Su idea es extender un «crédito-puente» durante seis meses mientras emprenden reformas para mejorar la recaudación fiscal, la burocracia y la justicia. Grecia estaría dispuesta a reembolsar los préstamos, mantener el equilibrio de las cuentas públicas y abrir las puertas a la Comisión para corroborar que Atenas cumple con lo prometido.

El Gobierno de Tsipras se niega sin embargo a emprender privatizaciones por valor de 5.000 millones de euros, ya que las anteriores han sido un estrepitoso fracaso para las arcas públicas. Tampoco accederán a recortar las pensiones ni a subir el IVA, como les pide la troika. Además seguirá adelante con algunas de las medidas sociales que anunció «unilateralmente» para aliviar el peso de la crisis a las familias.

El escenario es alarmante. Solo un acuerdo puede salvar a Atenas de una quiebra que parece más inminente de lo que anunciaban los analistas. Fuentes del ministerio de Finanzas griego revelaron ayer al diario Kathimerini que el país tiene reservas de liquidez hasta el 24 de febrero. Si no reciben ayuda europea, se verían obligados a declarar la suspensión de pagos. Esa es una de las razones por las que el Gobierno ha pedido estos días a los ciudadanos griegos que paguen sus impuestos. Muchos no lo hicieron el pasado mes de enero con la esperanza de que Syriza anunciase una mayor relajación fiscal. Como consecuencia, el déficit aumentó en 217 millones de euros.

La situación es tan crítica que el secretario del Tesoro estadounidense, Jack Lew, lanzó ayer una llamada de atención a Atenas. En una conversación telefónica con Varufakis, Lew pidió al griego seguir un «camino constructivo».

Mientras Grecia y el Eurogrupo juegan sus últimos minutos del tiempo de descuento, el Banco Central Europeo sigue dispuesto a mantener la respiración asistida a Atenas. Ayer anunció que aumentaba la línea de liquidez de emergencia al país de 65.000 millones de euros a 68.300. Lo justo y necesario para dar tiempo a Tsipras. Deberá decidir si acepta la prórroga del programa o cierra el grifo del BCE y camina solo a la quiebra.

Suena la alarma: Los griegos solo tienen reservas hasta el próximo martes, 24

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