Putin se pone a la defensiva en vez de apoyar el plan de Merkel y Hollande

La canciller alemana mostró pocas esperanzas de alcanzar un acuerdo

Poroshenko,  con pasaportes rusos en las manos
Poroshenko, con pasaportes rusos en las manos
la voz

El recelo de Vladimir Putin a que una «estructura global», en clara alusión a Estados Unidos, intente «perturbar el orden mundial» explicaría la dificultad para alcanzar un acuerdo de solución al conflicto ucraniano. El jefe del Kremlin dio la clave del encuentro del viernes con Angela Merkel y François Hollande en Moscú durante su intervención en Sochi en el IX Congreso de la Federación de Sindicatos Independientes de Rusia, al referirse a una «estructura global» que «actúa a las órdenes de un único líder incontestable». «Si otros países quieren vivir en un régimen de semiocupacion, allá ellos, pero nosotros no lo aceptaremos», advirtió.

Merkel regresó de Moscú con pocas esperanzas de que la iniciativa de paz franco-alemana tenga éxito. La canciller alemana llegó a la Conferencia de Seguridad de Múnich con un aire entre cansado y pesimista: «No es seguro que esta negociación tenga éxito, pero comparto con Hollande que vale la pena intentarlo». Una negociación que el presidente francés considera una de las «últimas oportunidades» para evitar la guerra. Merkel insistió en que la militar no va a ser la solución del conflicto, por lo que sigue oponiéndose a armar a los ucranianos, y subrayó el efecto positivo de la cooperación trasatlántica al coordinar las sanciones.

Armas es lo que pide Kiev. Petro Poroshenko intentó persuadir a sus vecinos europeos de que Ucrania «tiene derecho» a recibir armamento defensivo para proteger su violada integridad territorial, y pidió, además del apoyo económico y material de Occidente, «también apoyo militar». Recogía el presidente ucraniano el argumentario que poco antes había empleado el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, quien se mostró abierto a armar a Kiev e instó a juzgar a Rusia por sus «acciones» y no por los acuerdos que suscribe: «Presidente Putin: no hables, haz».

Tampoco Putin se hizo eco de lo que se trató en Moscú el viernes en su discurso en Sochi. La radio Eco de Moscú recogía opiniones expertas según las cuales la iniciativa de Francia y Alemania «no ha dado resultados». Según el entorno de Hollande, hay diferencias sobre el nivel de autonomía que deberán recibir Donetsk y Lugansk, sobre la retirada del armamento pesado y sobre el control de la frontera con Rusia.

Para que haya paz, los separatistas tienen que ganar la guerra, según analistas rusos

Los analistas rusos más favorables a las posturas del Kremlin creen que es necesario que los prorrusos «ganen la guerra» antes de acometer negociaciones de paz. Los líderes separatistas tampoco confían en que se produzca un alto el fuego. El representante de Donetsk en las negociaciones de Minsk, Denís Pushilin, afirmaba ayer que el viaje a Moscú de Merkel y Hollande «no ha contribuido a que disminuya la intensidad de los bombardeos» y el presidente del autoproclamado Parlamento de esta región, Andréi Purguin, aseguró, que «los acuerdos en Minsk no satisfacen a nadie». «Estamos ante un callejón sin salida», concluye. Lo que más preocupa a los sublevados es que no se reconozca sus conquistas territoriales, conseguidas en los últimos días, a la hora de delimitar la línea de separación.

El único que se mostró ayer optimista sobre la posibilidad de que la iniciativa franco-alemana fructifique fue el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. «Estas negociaciones van a continuar, como ya saben. Creemos que es perfectamente posible lograr resultados y ponerse de acuerdo sobre recomendaciones que permitan a las dos partes desactivar verdaderamente el conflicto», dijo en Múnich.

Hoy está prevista una teleconferencia a cuatro bandas entre Merkel, Hollande, Putin y Poroshenko para abordar la iniciativa franco-alemana.

 

 

El conflicto se agrava

 

Mientras en Múnich trabaja la diplomacia, la situación parece recrudecerse en el campo de batalla y agrava las condiciones de vida en la zona. La evacuación de la población de Debáltsevo, epicentro de los combates desde hace más de una semana, pactada con las fuerzas gubernamentales fue abortada por los rebeldes, que adujeron falta de seguridad en el corredor humanitario, atacado por el Ejército y la Guardia Nacional con artillería. Las autoridades ucranianas, en cambio, prosiguieron con sus planes de evacuación a pesar de los bombardeos de los que acusan a los separatistas.

Al menos seis civiles murieron en las últimas 24 horas en Donetsk. El mando militar ucraniano reconoció cinco bajas en sus filas. En casi toda la zona faltan el agua y la electricidad, por lo que la gente debe prepararse la comida en la calle en hogueras improvisadas, pese a lo cual son pocos los que deciden marcharse por miedo a les roben sus escasas pertenencias.

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