La amenaza islamista en Europa, mitos y realidades

Mientras las teorías de una «invasión musulmana» pierden fuerza, el terrorismo yihadista es ya un grave problema


En su última novela, Sumisión, el polémico escritor francés Michel Houellebecq imagina la victoria de un candidato islamista en las elecciones presidenciales de 2022 en su país. En Alemania, el movimiento PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) se ha convertido en un fenómeno mediático. En Gran Bretaña, Bélgica o España preocupa el fenómeno de los voluntarios yihadistas que salen de estos países para combatir en las filas del Estado Islámico de Siria e Irak. El ataque el miércoles pasado en París contra la sede del semanario satírico Charlie Hebdo ha venido a reforzar el temor a un auge del islamismo violento. ¿Cuál es la realidad de la amenaza islamista en Europa?

Empecemos con el libro de Houellebecq. Por supuesto, se trata de una obra de ficción, pero el autor lo califica de «hipótesis plausible».

De hecho, la polémica que está despertando no gira en torno a si lo que el novelista imagina es posible, sino en torno a la conveniencia o no de agitar ese fantasma. La tesis encuentra un caldo de cultivo en una percepción muy generalizada: la de que la comunidad musulmana europea es muy numerosa y que la demografía favorece su crecimiento exponencial en el futuro.

Percepciones intuitivas

Pero, como tantas percepciones intuitivas, ambas cosas son falsas. Recientemente, una encuesta mostraba esta discrepancia entre la impresión y la realidad.

Preguntados por el porcentaje de musulmanes en su país, los británicos calculaban un 21 % de la población (la cifra correcta es entre un cuatro y un cinco por ciento), los belgas 23 % (son el seis) y los españoles un 12 % (no pasan del cuatro por ciento).

En realidad, para el total de la Unión Europea, los musulmanes suponen cuatro de cada cien habitantes. Incluso esta sería una sobrestimación, puesto que, al no permitirse en la mayor parte de los países europeos censar a las personas en función de su religión, lo que esas cifras reflejan es el número de personas que proceden de países de mayoría musulmana o de familias con ese origen, entre los que existe, sin duda, un cierto número de no practicantes, laicos y ateos.

Cifras disparatadas

La cifra de conversos es también pequeña en términos relativos. Y no, contrariamente a lo que suele decirse, las tendencias demográficas no prevén una explosión de la población musulmana en Europa.

Al margen de las cifras disparatadas, que circulan por Internet, los estudios demográficos como el que realizó el Centro Pew-Templeton en el 2011, prevén un incremento del porcentaje de población musulmana, pero modesto, de un dos por ciento en los próximos quince años, y de un tres por ciento en el resto del mundo.

A medio plazo, la tendencia será a la baja, puesto que la tasa de fecundidad de las mujeres musulmanas instaladas en Europa, en concreto, no ha dejado de descender desde la década de 1970 y en la actualidad es similar a la de los países donde viven. Como explica el sociólogo francés Raphaël Liogier, «tanto si estudiamos las curvas de evolución de la natalidad de los hipotéticos musulmanes, como si observamos los flujos migratorios o las tasas de conversión [?] no se percibe ningún incremento espectacular del islam ni en el mundo en general ni en Europa».

Una fantasía literaria

Hablamos de musulmanes, no de islamistas. Estos serían todavía menos. De hecho, el partido islamista francés que imagina Houellebecq existió hasta hace poco: el PMF (Partido de los Musulmanes de Francia), que desapareció recientemente tras lograr menos del uno por ciento de los votos.

En su novela, Michel Houellebecq hace que el candidato islamista que la protagoniza gane las elecciones en el segundo turno al recibir el apoyo de la derecha y los socialistas para impedir el triunfo del Frente Nacional. Una fantasía literaria, sin duda. Si el Frente Nacional de Marine Le Pen está creciendo es, precisamente, porque recibe importantes aportes de votos de la derecha tradicional, y no pocos de la izquierda.

El libro de Houellebecq es una curiosa inversión del contexto actual, puesto que es el Frente Nacional el que tiene posibilidades de ganar las próximas elecciones presidenciales -aunque los pronósticos quizás también sean aquí exagerados- y una de sus grandes bazas es precisamente su antiislamismo.

Mientras que la conquista musulmana de Europa es un alarmismo sin base alguna, el terrorismo islamista en Europa es, en cambio, una triste realidad, como se ha podido comprobar de manera trágica estos días con el ataque contra el semanario satírico Charlie Hebdo. Ese terrorismo no es, sin embargo, una fuerza organizada y homogénea que pretenda tomar el poder, sino más bien un caos de grupos e individuos aislados que en unos casos dicen querer vengarse contra Occidente por agravios reales o imaginarios y en otros se trata de inadaptados o sociópatas que encuentran en el fanatismo religioso un escape para sus impulsos destructores.

La guerra civil en Siria

Últimamente preocupa una nueva variante: la de los jóvenes musulmanes europeos que se acuden a luchar en la guerra civil siria y que previsiblemente regresarán fanatizados, endurecidos y con experiencia militar a sus países. Es un temor justificado frente al que los servicios de seguridad ya están tomando precauciones, pero, en todo caso, el fenómeno no hace sino confirmar lo que hasta ahora ha sido una pauta en el terrorismo islámico: su foco e interés son los países de mayoría musulmana y Oriente Medio en particular, no Occidente. Es allí, en Siria e Irak, donde tienen lugar la inmensa mayoría de los ataques terroristas, en el contexto de un complejo entramado de guerras civiles y sectarias. Para el yihadismo Europa no es el objetivo, sino una periferia de su conflicto, un chivo expiatorio de sus frustraciones y sus fracasos.

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