Venezuela encara la recesión con más recortes del gasto público

Acuciado por la inflación y la caída del precio del petróleo, Maduro anuncia reformas en el sistema fiscal y monetario sin reducir la inversión social


Los números no le cuadran a Nicolás Maduro ni haciendo encaje de bolillos. Desde que llegó a la presidencia hace casi dos años, ha intentado controlar una economía en caída libre, a la par que el precio del barril de crudo. También su popularidad -hoy en torno al 23%-.

En el mensaje de fin de año admitió que Venezuela entró «en recesión» y que la inflación anual fue del 63,6%. Adelantó un plan económico de combate a corto, medio y largo plazo, que incluye más recortes del gasto público en Venezuela y que entró en vigor el sábado. Anunció también una reunión con alcaldes y gobernadores con el fin de tratar «la estrategia para hacer frente a la guerra económica».

Henrique Capriles, el regente opositor del Estado de Miranda, dijo que iría pero no fue convocado, quizá por criticar que el plan del sucesor de Hugo Chávez «huele a otra devaluación». Maduro confirmó en las redes sociales que solo estarían sus simpatizantes: «Hoy estoy afinando los planes y acciones del 2015 con el equipo de Gobernadores/as Bolivarian@s y l@s Ministr@s, coordinando el trabajo». Así todo se cuece en casa.

El presidente de Venezuela cuida el léxico para no asustar todavía más a sus compatriotas. Comentó que habrá una «optimización del gasto público», que en la práctica se traducen como recortes. La cuestión es dónde meter la tijera. Especialmente cuando garantiza mantener la inversión social. Según Maduro habría que «optimizar todo lo que invertimos en misiones, optimizar todo lo que se invierte en desarrollo estructural o tecnología».

Las misiones (programas de salud, educación, deporte y vivienda, entre otras áreas) han sido las grandes privilegiadas de los presupuestos estatales. Se han preservado reduciendo salarios de funcionarios públicos. Ahora le tocaría a las partidas de las embajadas.

La guerra del combustible

Los ajustes contemplan una reforma fiscal y un reajuste del complicado sistema de cambio de monedas. Los analistas proponen que se unifiquen los tres actuales, cuatro si se cuenta el del mercado negro: el cambio oficial es de 6,3 bolívares por dólar para productos de primera necesidad, de 12 por uno para viajes al exterior y de 50 bolívares para otros usos, aunque en la calle el dólar se vende a 150 bolívares (20 euros).

Con el fin de encauzar el grave problema, el gobernante chavista lanzó el Programa de Recuperación de la Economía, que será supervisado por un nuevo «Estado Mayor» exclusivo para el tema que funcionará «dirigido y conducido personalmente por el presidente de la República». El plan, con siete objetivos básicos, se aplicará en tres plazos: de seis meses, dos años y cuatro años. El Gobierno espera que en los primeros seis meses la economía empiece a crecer y la inflación se estabilice.

De todas formas, el panorama se presenta complicado porque Venezuela depende totalmente de la exportación de crudo, pues el 97% de los ingresos en divisas proceden de ese concepto. Y la cifra se ha reducido a la mitad.

Maduro acusa a Estados Unidos de forzar la bajada de los precios del combustible al mantener la producción para vender más caro el americano. Varios expertos recomiendan un decálogo de acciones pero coindicen en que lo más urgente es el reordenamiento de la política del cambio de monedas, liberalizar los precios -actualmente fijados por el Estado-, reestructurar las finanzas, poner orden fiscal y replantear el rol de la estatal Petróleos de Venezuela S.A.

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