Los poderes que se disputan Libia se lanzan al asalto final por el petróleo

La batalla se libra en las principales terminales de exportación de crudo


Redacción / La Voz

En la llamada «media luna petrolera», ubicada en el golfo de Sidra, se concentran las principales terminales de exportación de crudo de Libia. Su control fue vital durante los ocho meses de guerra entre los revolucionarios y los soldados de Gadafi en el 2011 y no lo es menos ahora en un país roto en dos y sumido en el caos. La batalla se ha recrudecido tras la operación lanzada por las milicias islamistas que sustentan el Gobierno de Trípoli para hacerse con el control de las infraestructuras petroleras instaladas en Sidra y Ras Lanuf. El objetivo principal es recuperar el ritmo de exportación logrado hace unos meses cifrada en una media de 800.000 barriles diarios. En las últimas semanas ha caído hasta los 200.000, muy lejos del techo de 1,6 millones en tiempos de Gadafi.

Los aires de democracia que traía consigo la Primavera Árabe nunca se asentaron en Libia, pese a que el mejor ejemplo de éxito está al otro lado de su frontera oeste: Túnez. El 2013 fue el año en que la hoja de ruta de la transición hacia la democracia fracasó. En el año que finaliza la violencia han triunfado definitivamente en este reino de taifas en que se ha convertido el país. La ruptura territorial e institucional del país es un hecho: con dos Gobiernos y dos Parlamentos, unos con sede en Trípoli y los otros, reconocidos por la comunidad internacional, en la ciudad este de Tobruk (la inseguridad hizo que se desestimara la vecina Bengasi). Ambos sostenidos por milicias que se negaron a desarmarse y a deponer el poder en las regiones o provincias que controlaban tras la caída del régimen de Gadafi.

Los años de caos ha sido caldo de cultivo para que los radicales se afianzaran. Si primero fue Al Qaida ahora son los grupos fieles al Estado Islámico, como Ansar al Sharia, los que campan con sus banderas negras en ciudades como Darna.

A mediados de año, el general Jalifa Haftar -que algunos han querido ver como el Al Sisi libio- se alzó por cuenta propia contra las fuerzas islamistas radicales en apoyo del Gobierno de Tobruk. Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, con el apoyo tácito de Arabia Saudí, se unieron a su lucha. En agosto cazas emiratíes salieron de bases egipcias para atacar al menos en dos ocasiones posiciones islamistas, sin contar con el permiso de Estados Unidos. Por su parte, Catar fue acusado de enviar armas a los milicianos de Trípoli.

Los intereses estratégicos de los países de la región y la violencia hicieron inviable cualquier mediación de la ONU a través de su enviado especial, el español Bernardino León.

Combates en Sidra

Las terminales de Sidra y Ras Lanuf llevan dos semanas cerradas debido a los combates. Estos comenzaron el pasado día 16 cuando el coronel Ismael Chukry, leal a Trípoli, lanzó la operación bautizada como Churuk, con el apoyo de las milicias islamistas Fajr Libia (El amanecer de Libia) para desalojar de la terminal al grupo liderado por Ibrahim Yidran, que llevan desde julio del 2013 ocupando las instalaciones y demandando que la región, la Cirenaica, sea un autonomía dentro de en un Estado federal libio. El jueves los combates dejaron al menos 20 muertos en las terminales petrolíferas y en la planta de producción de energía eléctrica cercana de Al Kabiba.

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