Odio a los inmigrantes en la periferia de Roma


Paro, degradación y abandono forman un cóctel peligroso en los barrios periféricos de las ciudades italianas que están dispuestos a saltar en cualquier momento, como ocurrió la semana pasada en la barriada romana de Tor Sapienza. La chispa la desencadenó la denuncia de un presunto intento de violación a una joven de 28 años madre de dos hijos. La víctima habló primero de «unos negros» y más tarde de «tres rumanos».

La ira de los vecinos se volvió contra los inmigrantes, en especial contra los 81 del centro de acogida, a los que culpan de todos los males de un barrio desde siempre abandonado por la administración municipal. El centro tuvo que ser protegido por la policía mientras los 46 menores que vivían en él fueron trasladados a otra zona, si bien 14 de ellos volvieron por iniciativa propia, pues allí, dicen, están su casa y su escuela.

Mientras, los residentes organizaron marchas de protesta centrando toda su ira en el alcalde Ignazio Marino, que el viernes, durante su visita, fue recibido con gritos de «bufón, fuera, nos has arruinado». Los vecinos se sienten «extranjeros en su casa», rodeados, subrayan, de «inmigrantes, gitanos, miembros de otras etnias y transexuales». Ayer la protesta se trasladó al centro de Roma con una manifestación organizada por comités de varios barrios, en la que se esperaban a 10.000 personas y a la que solo acudieron finalmente un millar. Entre los participantes se encontraban neofascistas del grupo romano Casa Pound que desfilaron con el brazo en alto.

El malestar social que se vive en la periferia se está convirtiendo en una guerra entre pobres. Los recortes sociales a los que se han visto obligados muchos ayuntamientos se reflejan en la degradación de zonas como Tor Sapienza, con calles mal iluminadas, donde reina la prostitución y la droga. Junto a los residentes conviven refugiados de los centros de acogida que esperan meses a que la lenta burocracia les conceda el derecho de asilo, nómadas de los campamentos y grupos de inmigrantes que se amontonan en infraviviendas. Un caldo de cultivo ideal para alimentar el odio racial que el nuevo líder de Liga Norte, Matteo Salvini, cada vez más popular en las encuestas, no quiere dejar escapar, y por eso ha puesto su mirada en el hasta ahora odiado sur, en busca de un caladero de votos. Sus aspiraciones pasan por convertirse en la versión italiana de la francesa Marine Le Pen, a la que copia eslóganes racistas. En la que un día fue «Roma ladrona» busca ahora apoyos entre los grupos fascistas y, como hizo en Bolonia, ya tiene en agenda una visita a Tor Sapienza.

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