La izquierda italiana cerca a Renzi mientras este pacta con Berlusconi

Crece el malestar en el seno de su partido por no romper con Il Cavaliere


ROMA / CORRESPONSAL

Matteo Renzi lleva camino de conseguir que los sindicatos le organicen una huelga general, la primera en veinticinco años, algo que ni Silvio Berlusconi había sido capaz de imaginar. La Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) está en guerra contra el Gobierno y su proyecto de ley de reforma del trabajo. Con el sindicato de izquierda, que hace unas semanas consiguió reunir en una manifestación a un millón de personas, está un sector del Partido Democrático (PD). En este otoño caliente las huelgas y manifestaciones se suceden todas las semanas como muestra de un malestar creciente ante una situación económica que empeora cada día. El pasado viernes las siglas sindicales más radicales protagonizaron diversos incidentes en Roma, Milán, Bolonia y Nápoles.

Mientras la calle protestaba, Matteo Renzi hacía un par de gestos muy criticados. Primero, se reunía en Milán con la flor y nata de la empresa italiana en una cena para recaudar fondos para el partido a 1.000 euros el cubierto. Horas después compartía mesa con Silvio Berlusconi para afianzar el polémico pacto del Nazareno que le garantiza el apoyo de Forza Italia a la nueva ley electoral. El acuerdo tiene como objetivo una reforma el Senado, que dejaría de ser una cámara elegida por sufragio universal y estaría formada por representantes de las regiones. Y para llevarla a cabo habría que dar un giro hacia un sistema parecido al español, de listas cerradas, con el que se intentaría consolidar el bipartidismo y la gobernabilidad, premiando con la mayoría al partido más votado.

La ruptura de Renzi con los sindicatos es casi total. Las centrales aseguran que la reforma del trabajo no garantiza los derechos de los trabajadores y lo acusan de haber hecho la ley que querían los empresarios. Susanna Camuso, la secretaria de CGIL, no le perdona su total rechazo a escuchar a las partes sociales, a las que acusa de «no querer cambiar el país». La convocatoria de una huelga general para el 5 de diciembre cuenta con el apoyo de Maurizio Landini, el carismático líder del sindicato de metalmecánicos (FIOM), mientras los otros dos principales sindicatos, el socialista Unión Italiana del lavoro (UIL) y el catótilco Confederazione Italiana Sindacari Lavoratori (CISL), no comparten la propuesta y prefieren otras medidas de presión.

Para el presidente del Gobierno una gran parte de la oposición anida dentro de las filas de su partido. Desde su llegada a la secretaría, Renzi ha colocado allí a su gente, desplazando a la vieja guardia que no digiere el giro hacia el centro y sus acuerdos con la derecha.

Hace unos días el ex presidente del Gobierno, Massimo D?Alema, acusó a Renzi de ser el «heredero» de Berlusconi y de estar haciéndole el juego. Dentro del grupo parlamentario, donde Renzi no tiene a todos de su parte, también es evidente el mal humor y son muchos los que desearían hacer cambios en la ley de reforma del trabajo, pero temen que el Gobierno utilice una vez más la «cuestión de confianza» que le permite la aprobación de leyes importantes sin ser discutidas.

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