Al asalto de Westminster con la inercia de la campaña del Yes


redacción / la voz

Cuando Alex Salmond, el día después del referendo, anunció que renunciaba como líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP) y primer ministro de Escocia dijo: «El sueño nunca morirá». Nicola Sturgeon, su discípula y vicepresidenta, asume el relevo insistiendo en ello, pero sabiendo también que a corto plazo no puede permitirse una nueva consulta. Aunque los independentistas sí que se sentirían legitimados a exigirla si el Reino Unido decide abandonar la Unión Europa. Y no es un escenario descabellado. El primer ministro, David Cameron, prometió una consulta para el 2017. El antieuropeísta UKIP fue el partido más votado por los británicos en las elecciones europeas del pasado mayo. Sin embargo, mientras Inglaterra es euroescéptica, Escocia es europeísta.

Pero el primer objetivo del SNP es tomar Westminster en las elecciones generales de mayo del 2015 y apretar la tuerca de la autonomía prometida sin ataduras con una cesión de poderes en paralelo a Inglaterra, como exige Cameron. ¿La fórmula? Rentabilizar a los hijos del Yes. Los miembros del partido se multiplicaron durante los últimos meses de campaña por la independencia, pasando de 25.000 a 84.000. La formación intenta aprovechar esa inercia y va más allá. Para ello, está considerando presentar a los comicios generales a activistas del sí que no están afiliados al partido. Tendrían que cambiar sus reglas internas para ello, pero les permitiría ampliar su espectro con ciudadanos afines a grupos ecologistas verdes que empuñaron la bandera independentista e incluso podrían tantear de forma individual a otros cercanos al socialismo dependiendo de cada distrito electoral (cada contendiente se la juega en su feudo en una batalla directa con sus rivales).

Salmond ha indicado que los suyos están en condiciones de sumar más de 30 escaños en Londres y conseguir mejores resultados que los laboristas en Escocia. Suena a bravuconada, ya que ahora cuentan con 6. Pero en las encuestas, el SNP obtiene el apoyo de más del 50 %, indicio de que sigue fagocitando el voto progresista. Sin Escocia es imposible que el Partido Laborista gane la cita electoral. Paradójicamente, el auge del SNP puede favorecer que mantengan el poder los tories, una fuerza residual en territorio escocés, donde siguen escociendo las políticas de Margaret Thatcher.

Medios británicos señalan que el propio Salmond está considerando optar a las elecciones generales del 2015. Ya ocupó un escaño entre 1987 y el 2010. Sturgeon ha manifestado a la BBC que no teme el regreso de su mentor. Salmond ya resucitó una vez en política. Volvió para llevar al SNP a la mayoría absoluta en Holyrood. Y el resto ya es historia de Escocia.

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