Federica Mogherini: Joven, socialista, mujer y del sur: la renovación

corresponsal

Es joven, es socialista, es mujer y es del sur. Si hay que poner rostro al nuevo equipo de Juncker, es el de la sucesora de Catherine Ashton al frente de la diplomacia europea, la italiana Federica Mogherini. Todo un símbolo del relevo generacional que llama a las puertas de Europa y que Juncker ha querido escuchar.

Tiene 41 años, es carismática y atesora un buen currículum: «Es algo raro en la política italiana. Ella llegó a donde está por sus propios méritos», la describe la diputada italiana Chiara Moroni en European Voice. La joven romana, antigua miembro de las juventudes comunistas, pisa fuerte y no duda en plantar cara. En las primarias italianas del 2013 le espetó por Twitter al actual primer ministro, Matteo Renzi, que «necesitaba estudiar mucho más la política exterior».

A pesar de contar con amplio apoyo político, en los círculos diplomáticos se han vertido multitud de críticas a su candidatura y posterior elección. Mogherini fue la apuesta personal de Renzi, que ya la había colocado al frente de la cartera de Exteriores en su país. El italiano presionó a Juncker y a sus socios para que le concediesen el puesto de Alta Representante. Su perfil no ha pasado inadvertido para muchas capitales del este que pusieron sus ojos en ella de inmediato. Polonia y los países Bálticos la acusan de mantener lazos estrechos con Moscú y de mantener una actitud «pro Kremlin». La italiana, lejos de defenderse, reconoce que no es partidaria de una solución militar al conflicto que se desarrolla en Ucrania tras la invasión rusa. Además, exigió a algunos países de la Unión que respetasen «a las minorías rusas de sus territorios».

Los encuentros en plena crisis con Vladimir Putin y la reticencia de Roma a aplicar sanciones a Moscú ponen a Mogherini en una situación frágil. De hecho, algunas voces en Bruselas dudan de que sea la persona adecuada para llevar las riendas en el conflicto ucraniano teniendo en cuenta lo que se juega Italia. Es el segundo socio comercial de la UE con Rusia y la empresa italiana ENI es uno de los principales inversores en el proyecto del gasoducto South Stream. Pero precisamente su perfil puede ayudar a rebajar la tensión con Moscú y asegurar el suministro energético que necesita la UE sin caer en una escalada mayor de sanciones. Relajar la posición con Putin puede beneficiar a ambas partes en otros terrenos, como el de la lucha antiterrorista o el conflicto en Siria, donde, al margen de la guerra civil, hay una disputa soterrada por el control geoestratégico de una región vital para transportar gas a Europa.

Donde algunos ven obstáculos, otros ven oportunidades. Mogherini tiene en sus manos la posibilidad de recuperar el rol que la UE ha perdido en la arena internacional. Su abierta simpatía hacia el reconocimiento de Palestina como Estado de pleno derecho puede sacar al conflicto del impasse en el que se encuentra. Deberá aunar posiciones en la Unión, recuperar el terreno como mediador y volver a marcar la agenda en un área que los Estados se resisten a ceder.

Su simpatía por Rusia y Putin ha despertado recelos en las capitales del este europeo

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