Turquía arde en el incendio de Kobani

Una oleada de violencia ha dejado 36 muertos y y 350 heridos, disparando la tensión entre el Gobierno y la minoría kurda


EFE

Tres años y medio después de estallar la guerra civil siria, sus consecuencias han llegado a Turquía en forma de una oleada de violencia que ya ha dejado 36 muertos y 350 heridos y ha disparado la tensión entre el Gobierno y la minoría kurda.

La violencia se ha generalizado en numerosas ciudades del sureste de Turquía, de mayoría kurda, donde se han producido enfrentamientos con armas de fuego, machetes y palos, se han cometido linchamientos y se han visto cadáveres desnudos tirados en la cuneta.

«Lo que hemos visto en Gaziantep (donde ayer hubo cuatro muertos) son señales de guerra civil», advierte en declaraciones a Efe el politólogo Rasit Kaya.

«Esto es lo más peligroso para Turquía: si empiezan a luchar en la calle grupos de nacionalistas turcos y kurdos, kurdos religiosos y kurdos a favor del PKK (la guerrilla marxista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán), estas llamaradas se pueden convertir en un incendio nacional», teme este experto.

La chispa de esta violencia ni siquiera está en suelo turco, sino que ha prendido en el asedio al que el grupo yihadista Estado Islámico (EI) somete a la ciudad kurda de Kobani, en el norte de Siria y fronteriza con Turquía.

El apoyo de los kurdos de Turquía a sus «hermanos» en Kobani ha reabierto viejas heridas y resentimientos entre esta minoría, el Gobierno turco y grupos islamistas y ultranacionalistas.

Entre los votantes del prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP), la cuarta fuerza del Parlamento de Ankara, es generalizada la convicción de que el Gobierno turco ha apoyado a los sectores islamistas que luchan contra el régimen sirio, haciéndoles llegar armas y provisiones y permitiendo su tránsito por la frontera.

Que el ex primer ministro y ahora presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, haya evitado durante muchos meses utilizar el calificativo de «terrorista» para referirse al Estado Islámico no ha ayudado a modificar esa percepción.

Para el Gobierno turco, la caída del régimen del presidente sirio, Bachar Al Asad, es una prioridad tal que, según denuncia la oposición, no ha dudado en dar respaldo a los grupos islamistas, incluido el Estado Islámico, opuestos a Damasco.

Por esto, las manifestaciones de la izquierda kurda contra el asedio yihadista a Kobani tomaron de inmediato tintes de una protesta antigubernamental y fueron reprimidas con la habitual violencia por la Policía.

Pero no solo las fuerzas del orden se han enfrentado a los manifestantes kurdos.

La mayoría de las víctimas mortales de los últimos días se han producido en choques entre kurdos y simpatizantes del partido Hüda-Par, un movimiento islamista con cuentas pendientes con esa minoría.

Se considera que Hüda-Par es heredera de Hizbulá (que pese a la coincidencia de nombre no tiene nada que ver con el grupo chií libanés), una red terrorista que en la década de 1990 secuestraba, torturaba y asesinaba a militantes de izquierdas y kurdos, en connivencia con los servicios secretos turcos, hasta que fue desmantelada en 2000.

Ahora, todos los líderes de la oposición han hecho un llamamiento a la calma para prevenir que los choques degeneren en una guerra civil.

Devlet Bahçeli, dirigente del partido ultranacionalista MHP, el tercero del Parlamento, ha pedido a sus seguidores que «no caigan en la trampa» de una división étnica y que eviten los enfrentamientos.

Desde el HDP se ha insistido en que su llamamiento a manifestarse en solidaridad con Kobani no pretendía en ningún caso incitar a la violencia.

Los kurdos de Turquía exigen al Gobierno turco que abra la frontera para permitir la llegada de ayuda humanitaria y armas a los kurdos sitiados por los yihadistas.

Eso sí, el HDP se opone a una intervención militar directa de Turquía en Siria, por el temor de que Ankara aproveche la situación no solo para acabar con los yihadistas, sino también para ocupar las zonas fronterizas ocupadas ahora por los kurdos.

Sin embargo, Erdogan ha dejado claro que se niega a proporcionar cualquier ayuda a las milicias kurdas, al declarar que considera «tan terrorista al EI como al PKK».

En juego está la continuidad del proceso de paz entre Ankara y el PKK, un diálogo frágil con el que se pretende acabar con 20 años de lucha entre la guerrilla kurda y el Estado turco.

El cambio de objetivos del PKK, que ya no busca la independencia para los 12 millones de kurdos de Turquía, sino simplemente garantizar el respeto a sus derechos y su cultura, ayudó a lanzar ese proceso, ahora en peligro.

Y es que desde el HDP se argumenta que no es posible una paz con los kurdos de Turquía mientras en Siria son masacrados por los yihadistas y abandonados por el Gobierno turco.

«La única manera de poner fin a la tensión de la calle de inmediato es un paso decidido del Gobierno: debe abrir un pasillo para enviar ayuda humanitaria a Kobani», explica a Efe Sirri Süreyya Önder, diputado del HDP.

Así las cosas, el Gobierno turco se enfrenta a un difícil dilema: Si se alinea con la milicias kurdas, los yihadistas podría cometer atentados en Turquía y además los kurdos fortalecerían sus posiciones. Pero si los kurdos de Turquía siguen percibiendo a Ankara como aliado de los yihadistas, la paz social tampoco llegará.

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