El club de los exfuncionarios que critican a Obama

Leon Panetta, exsecretario de Defensa y jefe de la CIA, hace un retrato poco halagador del presidente


Leon Panetta, exsecretario de Defensa estadounidense y jefe de la CIA, acaba de sumarse a un club exclusivo pero en expansión: el de exfuncionarios de la administración Obama que toman la pluma para criticar al presidente.

En la capital federal es una tradición tan arraigada como los fuegos artificiales de la fiesta nacional del 4 de julio: publicar, tras abandonar los círculos del poder, una autobiografía que permita ajustar cuentas, intentar asegurarse un lugar en los libros de historia y engordar las propias cuentas bancarias.

En su libro Worthy Fights (Combates valiosos), Leon Panetta, una figura que dejó la política a principios del 2013 para retirarse a su granja de Monterey (California), hace un retrato poco halagador del presidente con el que trabajó durante cuatro años.

Muy a menudo el presidente «se basa en la lógica de un profesor de derecho más que en la pasión de un líder» político, estima Panetta, quien estigmatiza la supuesta resistencia de Obama a enfrentar a sus opositores y a «unir en torno a sus convicciones».

Durante la promoción de su libro en la cadena CNN, denunció la actitud de los asesores del presidente que se oponían a la firma de un acuerdo con Bagdad que hubiera permitido mantener un contingente militar estadounidense para evitar que se creara «un vacío» tras el retiro de las tropas en el 2011. También criticó a la Casa Blanca por no haber armado en 2012, tal como él proponía, a los rebeldes sirios que enfrentaban a Bashar al Asad.

Esas críticas se hacen eco de otras formuladas el año pasado por otros pesos pesados de la política estadounidense: Robert Gates, el predecesor de Panetta al frente del Pentágono.

Gates, quien fue secretario de Defensa de George W. Bush y luego de Obama, también lanzó a principios de este año en sus memorias varios dardos contra el mandatario estadounidense.

Allí denunciaba las dudas de Obama sobre Afganistán y relataba cómo el presidente parecía no creer más en su propia estrategia e ironizaba sobre la «sospecha» y la manifiesta desconfianza del presidente hacia los generales que lo asesoraban.

Gates, al igual que Panetta, atenúa sus críticas a Obama, elogiando sus capacidades intelectuales y subrayando el coraje que demostró cuando decidió la operación para eliminar a Osama bin Laden.

Pero los pasajes más críticos hacia el presidente fueron los que más llamaron la atención, debido a la personalidad de sus autores pero también a que reafirman la percepción de un presidente indeciso, extremadamente prudente, al que le repugnan las refriegas políticas. Todo lo contrario de algunos de sus predecesores, como Lyndon Johnson o Bill Clinton.

Clinton y Bush antes que Obama

La Casa Blanca se ha negado hasta el momento a involucrarse en una partida de ping-pong que no haría otra cosa que darle más visibilidad al exhombre fuerte del Pentágono. Interrogado sobre el libro, el portavoz presidencial, Josh Earnest, prefirió destacar el liderazgo de Obama en la lucha contra la organización Estado Islámico (EI) en Irak y Siria.

El vicepresidente Joe Biden, fiel a su estilo mucho más directo, consideró que los libros son «desubicados» y denunció la actitud de sus excolegas, que «apenas parten, se ponen a escribir un libro».

Pero el gobierno de Obama no es el primero que padece las consecuencias del hábito de algunos exfuncionarios de ventilar críticas contra quien fuera su jefe.

El círculo más próximo del presidente George W. Bush sigue considerando una auténtica traición la publicación de un libro en 2008 por parte de Scott McClellan, exportavoz de la presidencia, que opinó que el presidente había demostrado una gran «ceguera».

Bill Clinton, por su lado, reaccionó con claro malhumor cuando George Stephanopoulos, un exasesor suyo, se preguntó en un libro publicado en 1999 acerca de cómo un presidente preocupado por dejar su marca en la historia pudo haber actuado de una forma tan «estúpida, egoísta y destructiva» al mantener una relación con una becaria en la Casa Blanca.

La mayoría de esas memorias -en las que las fórmulas picantes están rodeadas de largas descripciones del estilo ampuloso con el que se ejerce el poder- suelen caer en el olvido.

Tal podría ser el destino del libro de la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, Tiempo de decisiones, que tuvo una acogida muy modesta. A pesar de que Clinton ha tomado cierta distancia de Obama sobre la política en Siria, la exsecretaria de Estado mantiene en general la prudencia respecto del presidente en funciones.

Contrariamente a lo que les pasa a Robert Gates y Leon Panetta, Clinton, rival de Barack Obama durante las primarias demócratas de 2008, aún podría necesitarlo si finalmente se lanza a la carrera por la Casa Blanca.

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