La sucesora de Lula, ante el reto de mantener la dinastía


A sus 66 años, la presidenta de Brasil se enfrenta hoy, con fuerzas holgadas, según las encuestas, al desafío de superar la insatisfacción con su gobierno y ampliar a 16 años el período en el poder del Partido de los Trabajadores. No es una cuestión menor. Rousseff no tiene el carisma de su padrino político Lula da Silva, aval de los 55 millones de votos que le dieron la presidencia en el 2010, y en estos cuatro años la inflación rampante y el moderado crecimiento económico han erosionado el poder adquisitivo de los 40 millones de pobres que accedieron al consumo gracias a las políticas sociales del PT. «Rousseff es muy directa, muy dura y tiene menos aprecio que Lula por la conciliación», señala el analista Reinaldo Meirelles. Cierto es que las batallas no son ajenas a esta mujer, hija de un poeta y empresario búlgaro y una maestra brasileña, que a los 20 años recibió entrenamiento de guerrilla, a los 23 sufrió tortura y cárcel -«nadie sale de esto sin huellas», dijo en una entrevista- y, tras unos años dedicada a su hija, en los años 80 volvió a la política, primero en el PDT, y ya a la sombra de Lula, en el 2003, como ministra de Minas y Energía.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

La sucesora de Lula, ante el reto de mantener la dinastía