Rousseff y el PT se juegan 12 años de gobierno en las elecciones de Brasil

Marina Silva pierde fuerza y la presidenta amplía su ventaja a 15 puntos

Rousseff, con los trabajadores de las obras de la sede de los Juegos Olímpicos de Río.
Rousseff, con los trabajadores de las obras de la sede de los Juegos Olímpicos de Río.

Río de Janeiro / DPA

Unos 141,8 millones de brasileños acudirán el domingo a las urnas para participar en los comicios generales más disputados de la historia reciente, en los que los electores darán su veredicto sobre los 12 años de Gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT). Los sondeos dejan en evidencia una profunda división de los brasileños, principalmente entre petistas -que apoyan la reelección de Dilma Rousseff- y antipetistas, que se dividen entre los dos candidatos de oposición: la ecologista Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB), y el senador Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Silva, que entró en la disputa en agosto tras la muerte en un accidente aéreo del candidato Eduardo Campos, es la más probable rival de Rousseff en la segunda vuelta del 26 de agosto, y derrotarla se ha convertido en la «prioridad número uno» del PT de Lula da Silva. La exsenadora y exministra de Medio Ambiente de Lula reúne apoyos heterogéneos, que van desde los sectores que ven en las elecciones una posibilidad de desalojar del poder al PT hasta los indignados que demandan reformas políticas y mejoras en educación, salud y transporte.

Todos estos grupos tienen en común el deseo de impulsar cambios profundos en Brasil, tal como lo expresan tres cuartas partes de los electores, según un sondeo del Instituto Datafolha. No obstante, el anhelo de que se produzcan cambios no se refleja automáticamente en un rechazo a la reelección de Rousseff, ya que muchos temen que un cambio de gobierno genere retrocesos en la política social que rescató a decenas de millones de personas de la pobreza extrema y redujo en un 82 % los índices de desnutrición.

Según el director del Datafolha, Marcos Paulino, el electorado se divide entre la opción de «un cambio con seguridad», bajo el comando de Rousseff, y la alternativa de «un cambio más osado», que se reflejaría en un voto por Marina Silva.

Tsunami político a la baja

El expresidente José Sarney -un fiel aliado del Gobierno- apuntó que la irrupción de Silva en la campaña produjo un tsunami político, que hacía posible lo que se consideraba imposible: derrotar a Dilma. Desde entonces atacar a la ecologista, y primera mujer negra en optar la Presidencia, ha sido la principal estrategia del PT y del PSDB. Silva fue acusada, entre otras cosas, de fundamentalista en temas ambientales, de no estar preparada para gobernar, de no tener una base de apoyo en el Congreso y de no aceptar el Estado laico, por su vinculación a la iglesia evangélica.

La estrategia produjo resultados y el tsunami ha perdido fuerza. Según el último sondeo, Silva perdió nueve puntos porcentuales de apoyo desde agosto, y ahora tiene solo un 25 % de las preferencias, frente al 40 % de Rousseff. Neves creció seis puntos y suma un 20 %, lo que le permite soñar con llegar a la segunda vuelta.

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