Escocia afronta un referendo para la historia con un desenlace muy abierto

mariluz ferreiro EDIMBURGO / ENVIADA ESPECIAL

INTERNACIONAL

Cientos de ingleses desembarcan en Edimburgo para pedir: «Quedaos con nosotros»

18 sep 2014 . Actualizado a las 09:55 h.

Más de trescientos años de historia bien merecen un esprint final. Ya sea para un punto y aparte o para un punto y final. Escocia afronta hoy su decisión más importante desde 1707. La de ayer no fue una jornada de reflexión, fue un día de acción. Los voluntarios tomaron Edimburgo para pescar entre los 4,3 millones de votantes registrados para la consulta, que arrancará a las siete de la mañana, hora local, y finalizará a las 22.00 horas. Imposible pasear por sus calles sin presenciar un debate improvisado sobre la sanidad o la economía. La política se adueñó de plazas y aceras hasta convertirlas en un hervidero.

La maquinaria de los dos frentes comenzó a funcionar a las siete de la mañana, con familias enteras embarcadas en la aventura. El sí continúa siendo más visible y entusiasta, sus defensores repiten que es su momentum, pero las encuestas han provocado la movilización del no, con desembarco de ingleses. Llegaron del sur para defender la unidad del Reino Unido, para decir: «quedaos con nosotros». Muchos de ellos en solitario, por iniciativa propia. Colin Farquhar, con más de setenta años, se pasea con su gorra de la Union Jack, un cartel que reza «Mantén una familia unida» y una Biblia. «Soy inglés, he venido hoy solo para esto. Uno de mis abuelos era de Edimburgo, mi apellido es escocés, da nombre a un clan», cuenta. «Entiendo la amargura de la gente. Escocia tiene problemas, pero también Inglaterra y debemos resolverlos juntos», apunta. Con un tono apocalíptico, aprieta la Biblia contra el pecho y dice que «ningún divorcio es dulce» y que este «va incluso contra las leyes de Dios».

En ambos bandos creen que llega tarde la oferta de un mayor traspaso de poderes. «Tendrían que haberlo hecho antes, quizás no tendríamos referendo», lamenta un grupo de unionistas en Rose Street. Una puñalada para David Cameron. El líder conservador, al pactar los términos del referendo con Alex Salmond, prefirió plantear una pregunta directa: «¿Debe Escocia ser un país independiente?». No incluyó la tercera opción que demandaba el líder nacionalista, la max devolution, un pacto fiscal de máximos similar al concierto vasco, porque temía que saliera ganadora. Convencido del triunfo del no prefirió apostar por el todo o nada. «La max devolution ni siquiera está sobre la mesa, hay una propuesta abstracta de última hora», critica Colin McDonald, que luce en su camiseta una pegatina de los socialistas escoceses y que defiende la independencia como una lucha «social en favor de las clases trabajadoras» y no como una cuestión identitaria. Para él la libra no es un problema. Recuerda que los socialistas, al contrario que los nacionalistas, defienden que Escocia tenga moneda propia.