El septiembre negro de Hollande

En récord histórico de impopularidad y demolido por su ex pareja, el presidente de Francia insiste en que agotará su frágil mandato


París / COLPISA

Septiembre negro. François Hollande vive un comienzo de curso político desastroso. Con solo un 13 % de opiniones favorables, acaba de batir el récord absoluto de impopularidad de un presidente francés en los 56 años de la V República. Su desplome arrastra al abismo al primer ministro, Manuel Valls, que ha perdido 14 puntos en dos meses hasta caer al 36 %. El libro demoledor de su ex, Valérie Trierweiler, le presenta como un cínico y mentiroso que se burla de los pobres a quienes apoda los sin dientes. Y para colmo uno de los nuevos miembros del Gobierno remodelado a finales de agosto ha tenido que dimitir por no pagar los impuestos.

¿Hasta cuándo podrá resistir Hollande? ¿Aguantará hasta el final de su mandato en el 2017? Los analistas coinciden en interrogarse sobre la capacidad de supervivencia del mandatario en el Elíseo. Desde su elección hace 27 meses Francia cuenta con 500.000 nuevos desempleados, el paro marca hitos históricos con casi un 11 % y el país está al borde de la recesión con un crecimiento económico nulo. «Más que nunca, el rey está desnudo», editorializaba Le Monde, diario próximo al centroizquierda gobernante.

Le Pen despunta

Por primera vez un sondeo indica que Marine Le Pen derrotaría a Hollande en la segunda vuelta de unas presidenciales. La presidenta del Frente Nacional lo haría por amplio margen, 54 % contra 46 % de los votos. Además la dirigente ultraderechista se impondría en la primera vuelta a cualquier adversario, tanto de izquierda como de la derecha moderada. No es de extrañar que exija a Hollande la disolución del Parlamento porque «ya no tiene la confianza del pueblo y debe sacar las conclusiones». También el conservador François Fillon, que fue primer ministro durante toda la presidencia de Nicolas Sarkozy, planteó que la convocatoria de elecciones anticipadas «es la única solución» en momentos de bloqueo.

Hollande se vio obligado a salir a la palestra ante el pánico desatado en sus filas por el clima de fin de reino. «Ningún sondeo interrumpirá el mandato que me ha dado el pueblo. Actúo y actuaré hasta el final», proclamó desde la cumbre de la OTAN en Newport (Gales). Recordó que el próximo día 16 su Gobierno someterá una moción de confianza al Parlamento con posibilidades de prosperar. Los socialistas tienen mayoría absoluta y los 40 diputados díscolos no parecen inclinados a votar en contra de Valls con el riesgo de perder sus escaños en unas legislativas anticipadas.

Las primeras dimisiones

El presidente también salió al paso del libro vengativo de Trierweiler, que en un par de días se ha convertido en el mayor superventas de los últimos cinco años en Francia. Tras observar que «la función presidencial debe ser respetada», aseguró que nunca aceptará que se ponga en tela de juicio «el compromiso de toda mi vida a favor de los más frágiles, humildes y pobres pues estar a su servicio es mi razón de ser». Fue su reacción defensiva a la andanada de los sin dientes, ya viral en un país donde el 35 % de los ciudadanos ha renunciado a ir al dentista por razones financieras y a los mayores de 60 años más pobres les falta un promedio de quince piezas dentales

La última pulga que ha saltado, por el momento, al perro flaco hollandés es la dimisión forzada de Thomas Thévenourd, nueve días después de ser nombrado secretario de Estado de Comercio Exterior. El efímero gobernante, a sus 40 años y una de la figuras emergentes de la renovación socialista, había omitido presentar su declaración a Hacienda durante tres años.

Lo surrealista del caso es que Thévenourd fue miembro de la comisión parlamentaria contra el fraude fiscal y multiplicaba las declaraciones vindicativas contra los defraudadores.

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