China envía a la cárcel a un «espía» británico de la farmacéutica GlaxoSmithKline

La condena al consultor y a su esposa forma parte de un enmarañado escándalo de corrupción de la farmacéutica GSK, acusada de sobornar a hospitales y médicos


Pekín

El consultor británico Peter Humphrey y su esposa Yu Yingzeng, estadounidense de origen chino, fueron condenados hoy en China a dos años de prisión por «obtener ilegalmente información privada» para la farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK).

Humphrey y Yu se convierten así en los primeros extranjeros sentenciados en China por este delito.

Además de la pena de cárcel, el Tribunal Popular Intermedio Número 1 de Shanghái, donde se celebró hoy la vista de más de quince horas y retransmitida online por la propia corte, les condenó a pagar 150.000 yuanes (24.000 dólares).

La pareja, que tiene cinco días para apelar la sentencia, fue detenida el 11 de julio de 2013 y un mes después se le acusó de obtener ilegalmente 256 documentos, que incluyen desde números de teléfono a tarjetas de residencia, conocidas como hukou en China, o actas de viajes.

Según relató hoy el fiscal, la pareja pagó entre 800 y 2.000 yuanes (130-330 dólares) por cada documento, los cuales fueron facilitados por tres fuentes chinas que están siendo juzgadas por separado, publicó el tribunal en su cuenta de Weibo, el Twitter chino.

«Nuestra compra de información privada fue un error, pero no se trataba de una operación comercial», dijo hoy Yu, quien añadió que «existe una zona gris en esta industria», mientras su marido subrayó que no disponen de«otra forma de lograr» el objetivo de la compañía.

En su alegato final, Humphrey aseguró, según publicó el tribunal, que él y su mujer solo cumplieron con los servicios de su compañía, que consisten, precisó, en «investigar corrupciones internas, fraudes y ayudar a cultivar un buen ambiente de trabajo».

Escándalo de corrupción de GSK

Su condena forma parte de un enmarañado escándalo de corrupción de la farmacéutica GSK, acusada el pasado año, junto a otras multinacionales del sector, de sobornar a hospitales y médicos en el país asiático para que usaran o promocionaran sus productos.

En plena trama, la consultora de Humphrey, ChinaWhys, fue contratada por la farmacéutica para buscar al «chivato» que filtró los correos electrónicos que destaparon el escándalo, enviados a directivos de la multinacional en Londres y también a las autoridades chinas.

No obstante, el británico afirmó hace un mes en una entrevista a la cadena de televisión CCTV que no estaba inicialmente al corriente de los pormenores de la demanda y que él y su esposa tan solo creían que investigaban correos que difamaban a la compañía, por lo que se sintió «traicionado» cuando supo el verdadero fin.

Era una referencia velada a su compatriota Mark Reilly, exejecutivo de GSK y quien habría en principio solicitado la investigación a Humphrey.

Reilly y otros dos exejecutivos de GSK fueron acusados de corrupción el pasado mayo, caso que ahora está en manos de la fiscalía china.

La emisión de la entrevista a Humphrey, en la que aparecía afligido y lamentaba lo ocurrido, se asemejó a otras «confesiones» televisadas de detenidos por corrupción u otros delitos, cuya autenticidad es cuestionada por algunos abogados, que lo consideran más bien parte de un espectáculo orquestado por las autoridades.

Por otra parte, la forma en la que las autoridades chinas retransmitieron hoy la vista a través de Weibo, al estilo de otros juicios mediáticos, como el del exlíder provincial Bo Xilai en agosto de 2013, lleva a algunos analistas a considerar que la potencia busca de algún modo convertir su caso en ejemplarizante.

Investigación a una pareja canadiense

Esto coincide, además, con la investigación anunciada esta semana contra una pareja canadiense, sospechosa de «robar secretos de Estado», y con una campaña de inspección que incluye a empresas foráneas instaladas en el país, en el marco de la llamada batalla del Gobierno chino contra el fraude y el dispendio.

De este modo, la condena a Humphrey y su esposa Yu Yingzeng es sólo un capítulo más del escándalo de GSK, el mayor de corrupción en el que se ve implicada una compañía extranjera en China desde las investigaciones contra el gigante minero Río Tinto en 2009.

En un intento final por buscar la clemencia del tribunal, que en China tiende a tener en cuenta las muestras de arrepentimiento para reducir la sentencia, Humphrey se disculpó hoy y alegó que siempre ha apoyado la campaña anticorrupción« del país asiático.

Una campaña que, desde que Xi Jinping ocupó el poder en 2013, no hace sino aumentar y extenderse a todos los niveles del ámbito político y empresarial, local o extranjero, de China.

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