China refuerza sus lazos con Sudamérica


redacción / la voz

Empiezan a sentirse cómodos en el escenario, pero no les gusta el papel de secundarios. Las economías emergentes de los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) quieren cambiar el guion y escribir un argumento paralelo en el que robar el papel protagonista. Y para ello buscan el aplauso de América Latina.

El asunto no es solo económico, aunque empieza por ahí. De Fortaleza (Brasil) salió el acuerdo de crear un banco de desarrollo dotado de 100.000 millones de dólares y un fondo de garantía de igual cuantía para sortear futuras crisis financieras, una alternativa al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Pero los líderes ruso y chino alargaron sus viajes al continente, uno antes y otro después de pasar por Brasil. Necesitan, y pueden, más que los otros socios.

Sudáfrica, la India y Brasil tendrían que solucionar, a pesar de sus logros, problemas fundamentales para que sus economías dejen de caminar vacilantes.

Es cierto que la economía rusa tiene los problemas propios de estar basada en la exportación de combustibles, pero a cambio cuenta con la obstinación de Putin en devolver a la Federación el esplendor de la antigua URSS. China también avanza con el lastre de sus lagunas en innovación y desarrollo y el problema de una gran demanda de energía y materias primas, pero sus indicadores económicos son sólidos y con perspectivas de crecimiento.

Pero ambos tienen un enemigo común. La postura del Kremlin en la crisis de Ucrania ha comprometido sus relaciones con Europa y las sanciones de EE.UU. han hecho daño a sus oligarcas. Por eso Putin fue a ampliar las relaciones comerciales a Cuba y a Argentina antes de hacer escala en la cumbre de los BRICS.

A la expansiva China Obama le ha robado influencia en los países de su entorno y por eso Xi Jinping intenta pagarle con saltos «bilaterales estratégicos» de Fortaleza a Argentina, Venezuela y, ayer, Cuba. Desde estos asientos, más estables que los africanos, podría tentar a países latinoamericanos más afines al vecino del norte. Xi, y su billetera, es recibido como un Mr. Marshall en países de Sudamérica con graves crisis financieras. La ayuda china podría hacerles recuperar la preponderancia que EE.UU. se empeña en ahogarles, lo que a su vez redundará en beneficio del segundo mayor socio comercial del continente, Pekín.

Pero el asunto no es solo económico. Los BRICS quieren cambiar el eje del poder mundial. Y tienen el respaldo ideológico de Fidel Castro, que en su segundo artículo publicado en pocos días afirma que Rusia y China «están llamados a encabezar un nuevo mundo que permita la supervivencia humana».

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