Obama es un pato cojo dos años y medio antes de terminar mandato

Los datos de popularidad del presidente son los más bajos de todos los tiempos


Nueva York / Colpisa

En 1994, después de ganar las elecciones por un aplastante 61% de los votos, Lyndon Johnson avisó a sus asesores de que solo tenían un año para lograr cosas. Esa ha sido siempre la espada de Damocles que pende sobre todos los presidente de EE.UU. en su segundo mandato, desde Lincoln hasta Obama.

En los primeros 365 días pueden aprovechar el impulso electoral para sacar adelante su agenda, pero después la cercanía de las elecciones de medio mandato se interpone en su camino. Y si cuando se celebran su partido no pierde el control de las cámaras, como suele ocurrir, el país ya está más centrado en quién les sucederá que en ayudarles a ser motor de cambio. La Constitución de EE.UU. fuerza a los jefes de Estado a trabajar con el Congreso para sacar adelante su programa. Una vez que el pueblo se desencanta, el Congreso ya no tiene incentivos para cooperar con él y sin esta Cámara el presidente no puede lograr nada.

Desde que en 2010 el Tea Party se estrenó electoralmente, Barack Obama se ha encontrado siempre con un Congreso obstruccionista que busca satisfacer a las bases más radicales para defender su propia existencia. Aun así, el candidato de la esperanza, que ganó la Casa Blanca al grito de «¡Se puede!», tampoco ha sido capaz de llevar esa revolución al poder. Obama ha dado discursos por todo EE.UU., entrevistas por doquier, se ha introducido en las redes sociales y en los programas de televisión más populares, pero no ha logrado que las masas impulsen sus iniciativas hasta el punto de que el Congreso se sienta obligado a secundarlas. Ni siquiera logró que el Senado aprobase su iniciativa de exigir la revisión del historial delictivo para poder comprar armas, a pesar de que tras la matanza de Sandy Hook le apoyaba el 90% de la opinión pública.

El presidente desperdició ese primer año del segundo mandato y dilapidó el crédito que le quedaba con el estrepitoso fracaso de la puesta en marcha de su reforma sanitaria a través de un portal de Internet en el que los usuarios deberían haber podido adquirir una póliza de seguro médico privado a un precio asequible. Seis meses después de que se estrenase, la web seguía bloqueándose. En lugar de salir fortalecido, como Bill Clinton, por la intransigencia que demostraron los republicanos al permitir el cierre del Gobierno para forzar un cambio de la reforma sanitaria, los fallos de la página web parecieron justificar sus acciones.

Fracaso

«El por qué el equipo de Obama no le puso más cuidado a la implementación de la Ley de Atención Sanitaria Asequible seguirá siendo un gran misterio para los historiadores», afirma el analista David Gergen, profesor de la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, que asesoró a varios presidentes. Gergen considera que ese preciado primer año del segundo mandato de Obama fue «un fracaso». Hace ya dos meses y medio que le ve «peligrosamente en riesgo de convertirse en un pato cojo». El término se usa tradicionalmente para describir la falta de poder que tiene un mandatario cuando ya se ha elegido a su sucesor, pero si ese periodo muerto suele ser de tres meses, a Obama le quedaban 33 cuando este analista moderado e independiente decidió que no se puede esperar nada más de él. Desde entonces la situación de Obama no ha hecho más que empeorar.

El fin de la guerra de Irak, que junto con la reforma sanitaria era el otro gran logro que exhibió durante su campaña de reelección, se ha demostrado un espejismo. La crisis de los niños inmigrantes que llegan solos a la frontera ha revelado su falta de preparación para anticiparse a un problema que se veía venir. Se han volatizado sus esperanzas de acometer una reforma migratoria y el Tribunal Supremo tumbó una de las provisiones clave de la reforma sanitaria, que universalizaba el acceso a los anticonceptivos.

Como consecuencia, los datos de popularidad de Obama son los más bajos de todos los tiempos. El 33% de los consultados en las en cuestas lo consideran el peor presidente de la historia. Si algo le quedaba era su popularidad internacional, pero también esa ha sucumbido bajo las revelaciones sobre el espionaje de la NSA realizadas por Edward Snowden. Y hasta sus aliados más cercanos, como Alemania, han optado por medidas propias de la Guerra Fría, como la expulsión del jefe de inteligencia en la Embajada de Berlín.

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