Los viejos sabuesos se aferran a la UE y condicionan su nueva etapa

La Unión inicia esta semana otro ciclo político con las mismas caras

Juncker en el centro y Schulz a la derecha, dos viejas figuras de la política europea.
Juncker en el centro y Schulz a la derecha, dos viejas figuras de la política europea.

Bruselas / E. La Voz

Europa está a las puertas de una semana decisiva en la que se pondrá punto y final al culebrón escenificado los últimos meses a costa del relevo en las instituciones europeas. La Eurocámara decidirá el martes si permite al conservador Jean-Claude Juncker tomar el bastón de mando de la Comisión. Un día después los líderes de los 28 estados miembros resolverán quién manejará la batuta en el Consejo cuando expire el mandato de Herman Van Rompuy. El relevo de la británica Catherine Ashton también está en el aire.

Las grandes figuras políticas y los medios de comunicación se han enfrascado en una competición por averiguar quién sustituirá a quién en los altos cargos europeos. En las quinielas aparecen nombres familiares para los que habitualmente viven dentro de lo que algunos eurócratas denominan la «burbuja de Bruselas». Los mismos viejos sabuesos que presenciaron desde la cabina de mandos de la capital belga el naufragio económico de la Unión durante los años de crisis están llamados a tomar de nuevo el timón y salir a flote. Sin grandes proyectos o ideas ilusionantes, estos expertos en asirse a las altas esferas han conseguido sobrevivir. Empezando por el expresidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker.

También se aferra a los altos cargos el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, quien repite en su puesto después de fracasar en su intento por arrebatar a Juncker la codiciada plaza en el Ejecutivo comunitario. Otras figuras como la del presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, están a la espera de recibir una buena oferta para dejar su actual cargo. El exministro de Finanzas francés, Pierre Moscovici, no se lo pondrá fácil. Ambos pugnan por la cartera de Economía de la Comisión.  

En este carrusel de cargos a unos les toca el turno de estar arriba y a otros abajo, pero ninguno abandona. Es el caso de los excomisarios de Economía e Industria. El finlandés Olli Rehn y el italiano Antonio Tajani han terminado su ciclo como comisarios pero no se les aparta del ruedo.  Disfrutarán de un retiro tranquilo en la Eurocámara, pese a los fracasos acumulados durante sus años de gestión.

Con este panorama y las viejas caras de siempre surgen dudas razonables: ¿Seguirán aplicando las mismas políticas de austeridad de la pasada legislatura? ¿Serán capaces de ignorar las presiones nacionales? ¿Tienen una idea clara de cómo crear empleo?

Fuentes del Parlamento Europeo indican que al margen de la turbia gestión que se hizo de la crisis, las instituciones están mucho más reforzadas que hace cinco años, lo que permitirá un mayor grado de independencia respecto a los tira y afloja entre jefes de Estado en los que siempre acaba ganando Merkel. Juncker tendrá más legitimidad para imponerse al haber sido elegido en las urnas pero estará obligado a cumplir con su programa repleto de guiños a la izquierda que exige poner el foco en el desempleo y la desigualdad. Deberá actuar diferente a como lo hizo Barroso. Si no lo hace, puede enfrentarse a una moción de censura en la Eurocámara, rompiendo la alianza con socialdemócratas y liberales», aseguran desde el Parlamento.

Puede que Juncker rectifique el rumbo, pero ninguno de los que se equivocaron durante la crisis ha abandonado el barco. Lo que se negocia estos días en Bruselas es un intercambio de roles.

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