Kiev lanza al Ejército a apagar la rebelión prorrusa en Donetsk

Putin exige una condena y Medvédev dice que el país está al borde de la guerra civil

Prorrusos zarandean al general Krutov, comandante de la operación, en Kramatorsk.
Prorrusos zarandean al general Krutov, comandante de la operación, en Kramatorsk.
La Voz

«Seré breve: Ucrania está al borde de la guerra civil, da miedo. Espero que los cerebros [de Kiev] lo eviten», dijo ayer primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, poco después de que el Ejército ucraniano lanzara la que denomina «operación antiterrorista» para apagar la revuelta de los separatistas prorrusos en la región oriental de Donetsk, veinticuatro horas después de expirar el ultimátum. Con unos 40.000 soldados rusos desplegados en la frontera, según cálculos del OTAN, Vladimir Putin señaló que espera una condena clara tanto de la ONU como de la comunidad internacional a «las acciones inconstitucionales en el este de Ucrania».

Rusia había advertido en varias ocasiones a Kiev que desistiera de castigar la sublevación, a la vez que se arrogaba el derecho a intervenir militarmente para garantizar la protección de los rusos aunque se encuentren fuera de la Federación Rusa, como le permite la doctrina militar adoptada en el 2010 a raíz de la guerra en Georgia. El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, pidió a todas las partes involucradas que trabajen para rebajar la tensión.

«Serán liquidados»

Pocas horas después de que el presidente Olexandr Turchínov anunciara en el Parlamento el inicio de la operación y que el comandante al que se le encomendó la misión, el general Valeri Krutov, advirtiera de que se habían acabado los ultimátums y quienes no depusieran las armas serían «liquidados», sonaron los primeros disparos en el aeródromo de Kramatorsk, una de las diez ciudades rusófonas donde triunfa la rebelión.

Los combates librados entre fuerzas especiales ucranianas y milicias prorrusas, según un portavoz del Ministerio de Defensa ucraniano, habrían «dejado muertos», pero no entre sus filas. Medios rusos informaron de entre cuatro y once muertos entre los sublevados.

Tras controlar la base aérea, dos helicópteros aterrizaron con soldados de refuerzo en Kramatorsk, mientras unos cientos de separatistas observaban desde la verja que separa la parte militar de la instalación de la civil y levantaban barricadas en la entrada. El general Krutov se acercó a la multitud y se identificó como el comandante de la operación. «Estoy aquí para protegerles. Me dirijo a ustedes como ciudadanos de nuestro país común», declaró, según Reuters. La respuesta fueron gritos de «fuera de la Donbas», nombre para la zona minera de Donetsk. En medio del acaloramiento, la multitud empujó el general que en un momento perdió la gorra.

Muy cerca en Izium, una decena de blindados, tanques y siete carros que transportaban a unos 500 miembros las fuerzas especiales ucranianas esperaban su turno para entrar en la ciudad de Slaviansk, que se ha convertido en un símbolo.

El convoy no había logrado a media tarde entrar en la ciudad, según las agencias rusas. Pero la situación no estaba clara, aunque lo que parece probado es que Slaviansk está rodeada por fuerzas militares de Kiev, pero también que los milicianos no les pondrán las cosas fáciles.

El general Krutov estimó en «unos 300 los hombres armados los que actúan en el este, en su mayoría en Slaviansk». «Los vamos a combatir porque son invasores extranjeros, bandidos y terroristas», señaló el número dos de los servicios especiales ucranianos (SBU). Aseguró que entre ellos hay miembros de la «tropas especiales del GRU (la inteligencia militar rusa), que tienen una gran experiencia en conflictos».

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