Una huelga paraliza Argentina y debilita a Cristina Fernández

A las tensiones económicas se une el descontento por la inseguridad


Buenos Aires / Corresponsal

La segunda huelga general que afrontan los Kirchner desde su llegada al poder paralizó ayer Argentina y de paso debilitó un poco más al Gobierno de Cristina Fernández. El vacío político que se ha generado desde que la presidenta perdiera la opción de presentarse a un tercer mandato ha puesto en pie de guerra a los opositores y a los kirchneristas, asustados de tener que dejar el poder.

Según el balance de los sindicalistas, el 90 % de los trabajadores agrupados en los sindicatos convocantes se sumaron al paro general de 24 horas contra el Gobierno. El factor que más influyó fue la paralización total de transporte público, que impidió a los ciudadanos acudir a sus puestos de trabajo. «Hubo millones de trabajadores en huelga», dijo eufórico Hugo Moyano, líder de la Confederación General de los Trabajadores (CGT) y que ha pasado de ser un férreo aliado de los Kirchner a un acérrimo rival, y que dejó claro que si no hay respuesta del Gobierno «la próxima será de 36 horas».

Si bien la huelga convocada por la CGT de Moyano y la CGT Azul y Blanca que lidera otro sindicalista enfrentado a los Kirchner, Luis Barrionuevo, era en reclamo de un aumento salarial para paliar la inflación y medidas contra la inseguridad, su objetivo era «pararle el país a Cristina» y debilitar al kirchnerismo, que ya da muestras de comenzar a romperse.

La Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que conduce el sindicalista Pablo Micheli, también se adhirió a la huelga pese a no tener coincidencias con las dos CGT convocantes.

Moyano y Barrionuevo se desvincularon de los incidentes y acusaron a grupos de izquierda impulsados por el propio Gobierno de los piquetes en autovías y avenidas, que impidieron la circulación de vehículos en zonas clave como los accesos a Buenos Aires, que estuvo aislada durante casi siete horas.

Estos incidentes sirvieron al jefe del Gabinete, Jorge Capitanich, para desacreditar la protesta diciendo que se trató de «un gran piquete con huelga en el transporte y nada más», e insistió en calificar la huelga de «política» y considerarla una acción del «medievo, manejada por señores feudales».

Descontento social

En medio del desafío al Gobierno, la huelga dejó patente el descontento social por la inseguridad en las grandes ciudades. En las últimas semanas ha habido doce casos de intentos de linchamientos de ladrones.

Antes del inicio de la huelga, el Gobierno organizó un mega operativo policial en Rosario, en la provincia de Santa Fe, en el que participaron 3.000 miembros de distintas fuerzas de seguridad, con el fin de amedrentar a los delincuentes.

Este gesto fue una respuesta a la decisión de Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, que el fin de semana pasado declaró el estado de emergencia en seguridad por un año. Scioli se perfila como el sucesor de Cristina Fernández para el 2015, pero se enfrenta a la oposición de Máximo Kirchner, el hijo del matrimonio presidencial y creador de La Cámpora que poco a poco va colocando a sus hombres en los puestos claves de la Administración de Cristina.

Máximo trabaja desde las sombras aunque algunos intenten convencerlo que sea candidato a alcalde de Río Gallegos, cargo que ocupara su padre. Quienes lo conocen aseguran que no podrán convencerlo.

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