Bruselas está dispuesta a adelantar ayuda financiera


Bruselas / E. la voz

La presión migratoria aumenta jornada tras jornada en Ceuta y Melilla ante la impotencia de las fuerzas de seguridad españolas y la preocupación del Ministerio del Interior en sus intentos fallidos por blindar la frontera. La situación está desbordando incluso los centros de estancia temporal de inmigrantes (CETIS). Bajo estas circunstancias, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y la comisaria europea de Interior, Cecilia Mälmstrom, han decidido aparcar temporalmente sus diferencias surgidas tras las críticas de Bruselas al uso de concertinas en la frontera y al disparo de bolas de goma en la playa del Tarajal el pasado mes de febrero, cuando murieron ahogadas 15 personas. España pidió entonces a la Comisión Europea una ayuda urgente de 45 millones de euros para reforzar la seguridad en las fronteras y ampliar los CETIS.

Como respuesta a la solicitud del Gobierno, la Comisión Europea ha designado un equipo técnico que estudia estos días junto a las autoridades españolas las medidas que se podrían adoptar para rebajar la presión migratoria y evitar nuevas tragedias. «Estamos explorando las formas de afrontar la situación en las fronteras a través de los mecanismos financieros existentes», reconocen fuentes comunitarias. El presupuesto con el que cuenta la UE no se ampliará, pero sí podría haber un anticipo urgente procedente de los fondos de inmigración y de seguridad interior del 2014-2020, de los que España recibirá 257 y 195 millones de euros, respectivamente. La reasignación de partidas podría ser otra alternativa. Sin embargo, fuentes de Bruselas reconocen que «la ayuda financiera no basta» para frenar las oleadas migratorias.

Ante las críticas recibidas por su supuesta inacción a la hora de ayudar a los Estados miembros a proteger sus fronteras, responden que esa responsabilidad «recae sobre las autoridades nacionales», las mismas que negocian en el Consejo Europeo los fondos destinados a la protección y seguridad interior de la Unión y negocian individualmente la carga migratoria que están dispuestos a asumir para ayudar a los países receptores de inmigrantes. Eso sí, no hay atisbo de autocrítica cuando se refiere a la condescendencia con la que Bruselas trata a algunos países que se niegan a gestionar de forma conjunta las fronteras comunitarias o que no quieren prestar más apoyos financieros a las misiones de vigilancia en la frontera sur.

En los próximos días, se conocerán los detalles de las conversaciones y el alcance real de las medidas urgentes que adoptará la Comisión para colaborar con las autoridades españolas en su lucha contra la inmigración irregular.

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