La ultraderecha planta a Martin Schulz en el Parlamento israelí

Critica su denuncia sobre el reparto desigual del agua con los palestinos


Amán / E. La Voz

Antes de su paso por el Parlamento israelí, el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, se había reunido con la sociedad civil palestina en Ramala, lo que le llevó a declarar: «Un joven palestino me preguntó por qué un israelí puede emplear 70 litros cúbicos de agua y un palestino solo 17. Os pregunto si esto es correcto». Lo cuestionó en la Knesset, ante la plana mayor israelí, y añadió «los palestinos también tienen el derecho a su propia definición y a la justicia». Acto seguido el ministro de Economía, Nafatlí Bennet, y sus diputados del partido ultraderechista pro-colonos, Hogar Judío, abandonaron la sala.

«No aceptaré lecciones de moral sobre mentiras», escribió Bennet en Facebook, además de exigir una disculpa del político, del que recordó su origen alemán. A su indignación se unió la diputada nacionalista Orit Strok, que le gritó a Schulz «¡eso es mentira!», aunque otros diputados recriminaron el desaire y lo consideraron una «vergüenza» para Israel. Benjamin Netanyahu, por su parte, acusó al invitado de tener un «oído selectivo».

Schulz encajó el desplante y sin retractarse de sus palabras se limitó a evaluar que todo estaba bien. «En comparación con los comentarios en el Parlamento Europeo, esto es aceptable», ironizó. «La crítica mutua es normal en las democracias», argumentó ante los periodistas cuando ya se había quejado de una sensibilidad exagerada en Israel frente a las críticas de Europa.

Ningún político israelí desmintió a Schulz con datos. Pero la oenegé israelí Btselem le dio la razón ya que, según sus cifras, el agua utilizada en Israel es tres veces y media superior a la empleada en Cisjordania.

La visita del presidente de la Eurocámara pretendía impulsar las fallidas negociaciones de paz, pero se ha desarrollado con el telón de fondo del creciente boicot, por el que el Israel está manifiestamente preocupado.

Bruselas ha endurecido sus directrices contra los asentamientos israelíes y los productos elaborados en ellos. Al boicot se han unido importantes empresas europeas, como el fondo soberano de Noruega o el de pensiones holandés PGGM, que han retirado sus inversiones de entidades israelíes que trabajan en territorios ocupados. La última ha sido el Danske Bank, el mayor de Dinamarca, ha decidido bloquear sus activos en el banco Hapoalim por no respetar la ley internacional humanitaria. Reciente es la polémica que causó el rechazo del presidente del Parlamento danés, Mogens Lykketoft, al excluir a Israel de su viaje por Oriente Medio.

Síntomas que apuntan a un gradual aislamiento de Israel, mientras la UE insiste en que mantiene una «relación especial», pero eso no significa que tenga que estar de acuerdo con cada decisión israelí.

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